En los espejos de Pepe Mujica y de LulaEconomía 

En los espejos de Pepe Mujica y de Lula


El expresidente uruguayo Pepe Mujica Fuente: Archivo
23 de noviembre de 2019  • 02:30

No tendrá un viento de cola
Alberto Fernández a partir del 10 de diciembre próximo. La falta de acuerdo en el conflicto comercial entre
Estados Unidos y
China, que afecta el mercado de granos, y las pocas posibilidades de contar con una cosecha récord por la
escasez de lluvias en las últimas semanas preanuncian un escenario difícil para 2020.

Aunque se pronosticaban precipitaciones para los próximos días, y en algunos lugares comenzó a llover, ya no habrá supercosecha de trigo como se esperaba al comienzo de la campaña. También el maíz de primera, en diversas zonas, está necesitando agua. El partido no está terminado, por cierto.

En ese contexto, las declaraciones de Fernández a
Página/12 respecto de que el campo, la minería y el petróleo iban a tener que hacer su aporte para la recuperación económica no hicieron otra cosa que confirmar que una de las primeras medidas que anunciará será la suba de los derechos de exportación.

En los escasos contactos que la dirigencia rural tuvo con referentes de los equipos del presidente electo se habló de morigerar el impacto de una suba de retenciones. Caerán en la volteada la soja, el maíz, el trigo y el girasol, pero se comenzó a hablar de excluir a las carnes vacunas, aviar y porcina de un eventual incremento del tributo. Nadie firmó nada ni puso la cara. “Mandamos documentos pero no nos dicen ni que sí, ni que no”, se lamentaba un dirigente del campo. En esos contactos, los ruralistas ponen énfasis en que no haya medidas distorsivas al comercio como los cupos vigentes en los tiempos de Guillermo Moreno.

“No nos tergiversen la oferta”, dijeron los ruralistas. Si el objetivo es atender a la población en condición de indigencia, “que haya una rebaja explícita del 20% de IVA a este segmento, pero no al que lo pueda pagar”, argumentaron. Por ese motivo ruralistas y dirigentes agroindustriales participan de la variopinta “mesa contra el hambre”.

Al mismo tiempo, están buscando que el próximo gobierno entienda que la agroindustria, pese al contexto internacional difícil, está en condiciones de generar divisas por exportaciones que necesita la economía para terminar con la recesión. “En la carne vacuna se pueden superar los 2400 millones de dólares de exportaciones, y en cerdo podríamos multiplicar por dos las ventas en cuatro años”, razonaba un dirigente.

Hay una indefinición más amplia que la de los derechos de exportación: el programa económico. Todo parece indicar que habrá un tipo de cambio alto, pero si el campo paga retenciones elevadas y vuelve a ser discriminado en relación con otros sectores de la economía, la consecuencia que tendrá ya se puede prever: una menor inversión en tecnología por el deterioro de la relación insumo/producto. Se necesitarán más kilos de granos para adquirir combustible, semillas, agroquímicos, fertilizantes y maquinaria con un dólar diferencial.

Además se verá si quien Fernández designe en el área de Agricultura (hasta ahora todo parece indicar que sería el exsecretario de Agricultura Gabriel Delgado) consigue ser escuchado en el momento de decidir medidas que tienen un impacto concreto sobre el sector. El propio Delgado participó en la elaboración de un documento que se le entregó a los equipos de Alberto Fernández en el que hay una autocrítica explícita a las políticas sobre la carne y el trigo durante el kirchnerismo.

En aquellos años, esas políticas contrastaban con lo que hacían los presidentes de Brasil, Lula da Silva, y de Uruguay, José Mujica, el Pepe, a quienes difícilmente se les pueda endilgar el mote de “neoliberales”. Esos dos referentes de la vocación latinoamericanista de Fernández, cuando gobernaron, más allá de las simpatías o no que se pueda tener por ellos, no ahogaron a sus sectores agroindustriales con restricciones al comercio o batallas ideológicas del pasado.

Es más, con astucia de líderes políticos, supieron aprovechar la defección de la Argentina de los mercados mundiales de alimentos en momentos en que los precios internacionales de las commodities estaban por las nubes. El pasado reciente todavía deja enseñanzas.

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