Al final, ¿de qué se trata el peronismo que vuelve?Economía 

Al final, ¿de qué se trata el peronismo que vuelve?

La economía tendrá un desafío político: gobernar con un liderazgo bicéfalo (Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner).

La elección que ha tenido lugar en la Argentina puede ser analizada como una contienda entre dos coaliciones: una de centro-izquierda con la fórmula Alberto Fernández- Cristina Fernández de Kirchner y otra de centro-derecha, con Mauricio Macri- Miguel Pichetto.

La integración de las fórmulas ya muestra una particularidad: tres de los cuatro integrantes son peronistas (Pichetto y también lo es) y también los son los dos integrantes de la tercera (Roberto Lavagna- Juan Manuel Urtubey).

Pero ¿qué es el peronismo que gobernará la Argentina por lo menos los próximos cuatro años, cuando se acaban de cumplir 74 años de esta fuerza política, que irrumpió el 17 de octubre de 1945 con una multitud movilizada por la figura de Juan Domingo Perón?

Hay diversas interpretaciones. Para algunos analistas, el peronismo es un partido político y lo es, pero cada vez menos relevante como su expresión dominante. Para otros, es un movimiento que reúne a sindicatos, movimientos sociales, sectores empresarios y hasta sacerdotes villeros. También lo es, pero su conducción centralizada es mucho más débil que en el pasado.

Históricamente, el peronismo se autodefinió como una doctrina, que lo fue. Pero hoy son pocos los militantes que han leído los libros y escritos de Perón. Por lo general, sólo recuerdan las tres banderas: Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social, más bien como slogans que admiten interpretaciones diferentes.

Incluso, el peronismo ha sido asimilado a una ideología, como sistema de valores derivado de una interpretación de su identidad populista.

Pero el peronismo también es una cultura política. Hemos visto a los dirigentes del Pro que venían del peronismo cantando la marcha peronista al recibir al senador Pichetto y era integrantes de la primera línea del partido. También llamó la atención ver a los manteros en La Plata-muchos de ellos extranjeros-resistir el desalojo policial cantando la misma marcha.

La marcha peronista, claro está, fue cantada a pleno en la celebración del triunfo de la fórmula Fernández-Fernández.

El peronismo contiene las cinco expresiones al mismo tiempo: partido, movimiento, doctrina, ideología y cultura. Pero la nota dominante en este momento histórico es la última: es una cultura política, que se ha extendido más allá de esta fuerza política.

Hemos visto a Alberto Fernández elogiando al ex presidente y líder radical Raúl Alfonsín durante la campaña. Algunas versiones, sostienen que su hijo Ricardo, tendría un lugar en su gabinete.

Es posible que alguna figura independiente de prestigio como el neurólogo Facundo Manes también lo integre.

En otros niveles del aparato estatal no hay que descartar ver a alguna figura de Cambiemos.

Perón sigue siendo clave para entender al peronismo. Pero hay un Perón del «cinco por uno no va a quedar ninguno» y otro del abrazo con su adversario radical Ricardo Balbín buscando la unidad nacional.

Esas actitudes marcan dos caminos muy diferentes y los dos se dieron dentro del peronismo.

Pero la actitud que adopte el oficialismo no sólo dependerá de él mismo sino también de la disposición que muestre la futura oposición- que ha perdido con un porcentaje razonable dada la crítica situación económica- para superar la llamada «grieta», que en la campaña se profundizó.

En cuanto a la economía que le toca asumir al peronismo, mientras que en las primeras cuatro elecciones en las que participó no estaba en crisis, desde 1983, desde el retorno a al democracia, sí lo ha estado. Carlos Menem asume en 1989 en el marco de la hiperinflación más grande que ha tenido Argentina, y el ciclo Eduardo Duhalde- Néstor Kirchner lo hace en el marco de la crisis económico-social más grave que haya sufrido el país.

Podemos discutir si la crisis económica que tiene lugar a fines de 2019 es peor o más leve que las dos anteriores. Posiblemente, sea menor en algunas variables y peor en otras. Además, la crisis actual no ha finalizado. Está en desarrollo y su resultado final dependerá de lo que suceda y de si Alberto Fernández acierta con las medidas para resolverla. Algo que, en última instancia, políticamente será corroborado o no por el resultado de la elección de medio mandato que tendrá lugar a fines de 2021.

Siguiendo con esa misma línea de razonamiento, cabe señalar que los tres gobiernos no peronistas que ha tenido la Argentina desde 1983 (Ricardo Alfonsín, Fernando de la Rúa y Mauricio Macri), terminaron en el contexto de fuertes fracasos económicos.

En lo inmediato, el saludo telefónico de Macri a Fernández, su invitación a desayunar en la Casa Rosada para acordar la transición y la designación por parte del candidato electo de un equipo para la transición son señales muy positivas en el corto plazo y así fueron captadas por los principales actores económicos al menos en los primeros días luego de las elecciones.

Los dos ciclos peronistas anteriores (menemismo y kirchnerismo), encauzaron la crisis y entregaron el poder acumulando desequilibrios sí, pero con la economía bajo control.

Desde el no peronismo, se argumenta que ha sido la obstrucción del PJ la causa de los fracasos. No es la percepción que queda en los sectores populares, que a lo largo de 74 años siguen mostrando una persistente lealtad electoral por la fuerza política fundada por Juan Domingo Perón el 17 de octubre de 1945.

El peronismo ha vivido 29 años con Perón vivo y lo ha hecho otros 45 con Perón muerto. Fue superando su muerte, las primeras derrotas en elecciones presidenciales de su historia y sus conflictos internos.

Ahora, además de la economía, tendrá un desafío político: gobernar con un liderazgo bicéfalo (Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner), lo que no ha sido usual en esta singular fuerza política.

*Director del Centro de Estudio Unión para la Nueva Mayoría

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