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El superalimento con el que los chicos en riesgo recuperan peso en su casa

“Rico”, dice Noé Bravo mientras mete de nuevo una cuchara en esa comida que tanto le gusta y que por suerte hace varios meses ya no necesita. Tiene dos años y está sentado – casi acostado – en una silla de plástico roja rodeado de su familia, compuesta por sus abuelos, sus papás, sus tíos y sus primos. En total son nueve personas. Viven en Misión La Paz, en Santa Victoria Este y su mamá se emociona cuando lo ve tan entusiasmado con la comida. “Mi sueño es que mis hijos no tengan que volver al hospital”, dice.

Desde bebé Noé tuvo problemas de desnutrición al límite de tener que ser internado varias veces. Una vez recuperado, empezó un tratamiento ambulatorio que le permitió recuperar peso en su casa. Ahora su comida preferida es el arroz blanco. “Está gordito y antes era flaquito”, dice entre risas su abuelo, que también se llama Noé Bravo.

Noé cuando estaba con un cuadro de desnutrición aguda y lo único que hacía era vomitar

En enero del 2020 se decretó en Salta la emergencia socio sanitaria en los departamentos de San Martín, Orán y Rivadavia, después de que seis niños murieran por desnutrición durante ese mes. En marzo, dos meses después, Unicef junto con el Ministerio de Salud de la Nación, empezaron a implementar en Santa Victoria Este un programa de manejo comunitario de las desnutriciones agudas para evitar más muertes evitables.

“La declaración de la emergencia abrió la ventana de oportunidad para hacer visible esta problemática y generar mecanismos de atención para ese grupo poblacional que es de los más vulnerables”, cuenta Fernando Zingman, especialista en Salud de Unicef. Esta entidad introdujo por primera vez en el país tratamientos nutricionales y otros insumos esenciales para la recuperación del peso de manera ambulatoria, fórmulas terapéuticas para la atención en centros hospitalarios; y medicación complementaria específica para casos de malnutrición.

Uno de los mayores logros de este programa es que algunos niños puedan recuperarse en su casa, y eso permite que la familia, la comunidad y todas las personas que están a su alrededor puedan ser parte del tratamiento. “Las familias siempre tienen mucho miedo de irse de su comunidad. Los hospitales están lejos de sus lugares de residencia, y eso hace difícil muchas veces para la mamá poder acompañar adecuadamente al niño porque se genera un desarraigo de su lugar de pertenencia”, dice Juan Pablo Grisso, nutricionista dentro del hospital Santa Victoria Este y uno de los que guió a la familia Bravo durante todo este proceso.

Una de las estrategias de esta iniciativa consiste en evitar internaciones innecesarias y que los chicos menores de 6 años, que no tienen otras complicaciones de salud, puedan continuar su tratamiento en sus propias comunidades, accediendo a un Alimento Terapéutico Listo para Usar (ATLU) que los padres administran.

La familia de Noé come una sola vez por día y “después ya sigue la mateada con la pava con un poquito de pan, si hay”, cuenta su abuelo. Su mamá cobra la AUH por sus dos hijos y cuentan con una huerta con ancos y zapalloMicaela Urdinez

“En los hospitales hay gente enferma. Y, al final, tenemos un niño recuperándose nutricionalmente y resulta que, a lo mejor tiene que compartir la habitación o la sala con un niñito que tiene una infección respiratoria o gastrointestinal, y termina adquiriendo la enfermedad del acompañante”, explica Grisso.

Noé fue uno de los chicos que recibió el ATLU durante dos meses, una especie de superalimento que en los chicos funciona como una golosina o un postre. Es una pasta elaborada con leche y maní que concentra las calorías, proteínas y otros micro nutrientes que son necesarios para el proceso de recuperación. “Al principio no lo comía, lo chupaba y lo tiraba”, recuerda su mamá. Por suerte, terminó el tratamiento, salió del estado de riesgo y hoy solo está en etapa de control.

“A Noé lo conozco ya en el proceso de recuperación ambulatoria. Él venía con procesos diarréicos y de vómitos, tuvo que pasar por una instancia hospitalaria donde lograron recuperarlo en su parte clínica y empezó este proceso ambulatorio de aproximadamente dos meses, en donde se le iba haciendo el seguimiento, junto con el hospital, con los enfermeros, con los agentes sanitarios, con otras organizaciones como Patapila, que ayudan a evaluar el peso e ir viendo cómo va progresando ese estado nutricional. Cuando alcanzó el peso objetivo, pudimos darle el alta”, recuerda Grisso.

Después de varios meses sin verlo, Grisso se acerca a la casa de Noé para que LA NACION pueda conocer su historia. La mamá le cuenta que su hijo estuvo una semana con diarrea y tos y Grisso lo revisa.

-¿La tos fue antes o después de la diarrea?

-Antes.

-Antes fue la tosecita. Bien, ¿lo ha llevado al puesto sanitario?

-Sí.

-¿Ahí le han dado algo para curarle la tos, la diarrea?

-Le ponían una inyección. Para que le baje la fiebre.

-Para que le baje la fiebre, bien. ¿Y la diarrea le han dado algo, alguna medicación?

-Sí, un jarabe.

-Un jarabito, bien. ¿Se curó de la diarrea?

-Sí.

-¿No ha hecho diarrea hasta entonces?

-No.

-Bien, perfecto. Bueno, si el bebé no tiene diarrea ni vómitos puede comer tranquilamente el ATLU, eso sirve para el proceso de recuperación nutricional del bebé. Acá te hemos traído la barrita para que les puedas dar.

Noé está descalzo y su cabeza rapada hace que sus ojos marrones intenso resalten más. Enseguida empieza a devorar ese manjar dulce con gusto a mantecol. “El ATLU concentra prácticamente 500 calorías. A veces, un niño puede rondar, dependiendo de la edad y el peso, en un consumo de entre 600, 800 o 1.000 calorías por día, y el ATLU puede hasta llegar a cubrir el 50, el 70, el 80% de esos requerimientos”, señala Grisso.

La familia de Noé está compuesta por nueve personas. Viven todos juntos en casas de adobe y comparten la comidaMicaela Urdinez

Otro de sus beneficios es que no necesita refrigeración, lo que permite que puede ser conservada a temperatura ambiente. Está pensado precisamente para estas familias de contextos vulnerables que no cuentan con heladera o con electricidad.

Pocos casos de desnutrición aguda

Según Unicef, hay una situación crítica de desnutrición crónica en el país pero son muy pocos los casos de desnutrición aguda severa o moderada. “En los datos nacionales la baja talla ronda al 8% y eso te habla de desnutrición crónica. Pero solo hay un 1 y pico por cientro de desnutrición severa. Unicef compró 1000 tratamientos para que el Ministerio de Salud entregue a la provincia de Salta y durante el año pasado solo se detectaron 30 casos”, dice Zingman.

Desde inicios del año 2021, se trataron a 48 niñas y niños; 43 en la provincia de Salta y 5 en la provincia de Misiones. Los tratamientos para combatir la desnutrición aguda que fueron adquiridos durante el 2020, se distribuyeron entre las provincias de Chaco, Formosa, Misiones y Salta, con el objetivo de lograr un mayor alcance de la ayuda en menor tiempo.

Recién a los 9 meses Noe comió su primera cucharada de comida. “Comía, botaba, comía, botaba. No tanto diarrea sino vómitos. Cuando hacía calor, transpiraba y quería estar en el agua nomás, como pato”, explica su abuelo, que trabaja en EDESA, una compañía de electricidad de la zona. Su primera internación fue cuando tenía 7 meses. Lo llevaron para el hospital de Santa Victoria Este. La segunda, al año. Pesaba solo 7 kilos. “Yo me asustaba cuando él quedaba internado porque estaba bien bajo de peso. Lo único que tomaba era leche. Hay algunos que creen que uno no cuida a los chicos pero yo estaba todo el tiempo pendiente”, cuenta su mamá.

La hermana de Noé toma agua directamente de la canilla. “Hacía 3 meses que no teníamos agua y justo era en época de calor. Ahora parece que han limpiado la cañería y sale bien”, aclara el abueloMicaela Urdinez

El sistema de Atención Primaria de la Salud de la provincia está compuesta por diferentes actores encargados de detectar casos de desnutrición: médicos, enfermeros, nutricionistas y agentes sanitarios. “El agente sanitario se encarga de hacer la valoración de peso y talla de los niños menores de 6 años. Y también salen comisiones a terreno desde los hospitales de médicos, enfermeros y nutricionistas que detectan casos. Una vez que se ven los parámetros de peso y talla se determina si tiene o no desnutrición”, detalla Grisso.

Si la desnutrición viene acompañada con patologías, ese paciente tiene que recibir una instancia que se llama CRENI, que es un Centro de Recuperación Nutricional Intensivo, y se lo lleva a una institución hospitalaria para recuperarlo. Si no presenta patologías graves se pone en marcha la instancia del Centro de Recuperación Nutricional Ambulatorio (CRENA), que se puede hacer desde los puestos sanitarios en las comunidades o, inclusive, a nivel domiciliario.

“Los alimentos terapéuticos fueron acompañados por capacitaciones en terreno en Santa Victoria Este y en Tartagal. También trajimos unas bandas peribraquiales para hacer un diagnóstico inicial de desnutrición aguda que después tiene que ser verificado. Esta iniciativa generó mayor cuidado y mejor calidad de tratamientos no solo de la desnutrición aguda severa sino de la deshidratación en general y las infecciones a repetición. También que se dirigiera la mirada hacia esos equipos, que se hicieran relevamientos, que hubiera más acompañamiento del Ministerio de Salud de la Nación y mejoras en los tratamientos de las diarreas”, agrega Zingman.

El verano es siempre la época más crítica a superar porque es cuando se producen más diarreas y los niños tienden a descender de peso. La familia de Noé come una sola vez por día y “después ya sigue la mateada con la pava con un poquito de pan, si hay”, cuenta su abuelo. Su mamá cobra la AUH por sus dos hijos – Noé tiene una hermana de 3 años – cuentan con una huerta con ancos y zapallo y ese mediodía almorzaron una sopa de zapallitos. A partir de mayo, pescan en el río y cocinan al fuego porque no tienen gas. “Comemos todos juntos con los chicos. Cuando yo cobro, recién ahí comemos algo de verdura y carne. Si tenemos pescado lo hacemos a la parrilla o hervido en la sopa”, agrega.

El acceso al agua potable en la zona es muy precario y eso lleva, muchas veces, a problemas de desnutrición y diarreasMicaela Urdinez

Para Grisso la situación nutricional de las familias de la zona es compleja porque depende de muchos factores, como los socioeconómicos, los geográficos y también el contexto en el que viven. “Acá la dieta es básicamente guiso y sopa. Las cocinas son a leña, o sea que, utilizan una olla porque no cuentan con varias hornallas para hacer diferentes alimentos y cocciones por separado. Entonces, las comidas que se realizan son guisos, estofados y sopas”, señala.

La desnutrición es un fenómeno complejo y multifactorial, que no se le puede atribuir solamente a la falta de comida. Existen otras dimensiones vinculadas al acceso al agua potable, la deficiencia en la infraestructura, la eliminación adecuada de la excreta y la cercanía a residuos peligrosos. “Obviamente, hay cuestiones históricas y políticas que hay que afrontar y las situaciones de pobreza, la falta de recursos, la falta de ingresos estables, hacen que la disponibilidad y la accesibilidad a los alimentos, a veces, sea difícil”, agrega Griso.

Hace tanto calor que la familia Bravo decidió sacar las camas a la intemperie para dormir más frescos. El acceso a la electricidad y el agua son precarios, y el baño es un pozo en el piso inundado de moscas que tiene un banco de madera con un agujero en el medio para sentarse. “El agua nos alcanza por ahora. Hacía 3 meses que no teníamos agua y justo era en época de calor. Ahora parece que han limpiado la cañería y sale bien”, aclara el abuelo.

Ahora que Noé está bien, su mamá puede empezar a dedicarse mejor a las tareas de la casa o inclusive, pensar en trabajar. Todos los miércoles lleva a su hijo a controlarse con el equipo de Pata Pila. El año que viene su hijo arranca el jardín de infantes y el miedo permanente a la muerte se va aplacando. Mientras tanto, Noé juega con la pelota y se pelea con su primo por el único autito que tienen.

Hace tanto calor en la zona, que la familia de Noé sacó las camas a la intemperie para dormir más frescosMicaela Urdinez

“Lo que más necesitamos es ropa para el nene, para la vestimenta y la comida. También necesitamos una casita de material porque el plástico se llueve y dormimos todos juntos”, dice la madre.

Grisso está muy contento porque después de un trabajo arduo ve que Noé está recuperado y eso le parece hermoso. “Es necesario que se conozca cómo es la situación de las familias, cómo viven y que mostrar que muchas veces los recursos son escasos. Nuestro trabajo es arduo y a pulmón y que tratamos de hacer lo mejor posible para la comunidad y para los niños”, concluye emocionado.

COMO AYUDAR

Las personas que quieran colaborar con esta iniciativa de Unicef pueden hacerlo a través de este link: unicef.org.ar/colabora o llamá al 0810-333-4455

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