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Lionel Messi: dos tripletes, un mundo de diferencias y el roce necesario para seguir en el buen camino

El triplete de Messi en la cinematográfica noche del Monumental sugiere un link casi obvio hacia otros tres goles de Lionel, aunque aquellos tuvieron otro efecto: sirvieron para evitar un enorme incendio.

De Núñez a Quito. De este jueves 9 de septiembre de 2021 con el equipo disfrutando de un camino alfombrado hacia Qatar a ese martes 10 de octubre de 2017 con una Selección abrumada saltando entre escombros para arañar el agónico pasaje a Rusia. Fue 3-0 ante Bolivia para dejar a medio sellar el pasaporte rumbo a Doha. Fue un 3-1 contra Ecuador para meterse por una ventana que quedó disimulada por el tercer puesto final, pero que pronosticaba futuros temblores.

Ahora que los planetas parecen estar alineados, que Messi pagó una deuda que no tenía y se despojó de una mochila que sus espaldas no merecían sostener, las diferencias se muestran a simple vista.

Lionel Messi y Rodrigo De Paul con la Copa América. Foto: AFP

Aquella eliminatoria traumática rumbo al Mundial 2018 tuvo todos los condimentos para terminar en desastre. Pero el guionista no contaba con Messi y su noche celestial.

Argentina tuvo tres entrenadores (Gerardo Martino, Edgardo Bauza y Jorge Sampaoli), logró el pasaje en la última fecha, a la que había llegado en el sexto lugar, es decir alejado hasta del Repechaje. En siete de las 18 fechas la Selección estuvo fuera de los cuatro lugares clasificatorios y en otras seis, en el quinto puesto, suspirando por la repesca.

Navegó toda la eliminatoria en la angustia. El Tata renunció, al Patón lo echaron y el Pelado perdió el rumbo, después. Argentina terminó con 28 puntos en 18 encuentros; hoy suma 18 en ocho. Y le quedan 30 unidades en juego.

Cerró aquella estadística con 7 triunfos, 7 empates y 4 derrotas, 19 goles a favor y 16 en contra. Hoy lleva 5 victorias, 3 igualdades y ninguna caída. ¿Los goles? 15 y 6.

Lionel Messi y la Copa América en los festejos en el Monumental. Foto: AFP

Parecen dos equipos distintos, más allá de algunos nombres (Otamendi, Acuña, Di María y Messi entre los titulares) en común.

Son dos equipos distintos.

El punto en común más evidente es Messi, pero este Messi es otro. Más allá de poner su zurda absoluta al servicio de la causa como casi siempre ahora se nota un convencimiento integral. Cree como pocas veces en el proyecto de esta Selección. Cree en Scaloni como quizá no creyó nunca en los técnicos anteriores. Además, ya no le pesa el papel de líder, de capitán completo.

Su compromiso con el juego también parece mayor, sacando provecho máximo a que cada vez lo entiende mejor. Y que todo gira a su alrededor pero con la idea de que no todo dependa de su inspiración.

Hay un equipo detrás de Messi. No es una maravilla, pero es confiable. Se sabe a qué juega. Se repiten los nombres, convive con tranquilidad y la Copa América ganada en Brasil permite que el plantel disfrute su luna de miel con los hinchas.

Tiene razón Messi cuando recicla el famoso “ni antes éramos los peores ni ahora somos los mejores”. Sólo el diabólico exitismo puede sostener que un subcampeón es el peor. Las últimas generaciones de nuestra Selección han sufrido esa locura, Messi especialmente, lo que convierte la locura en una injusticia y un disparate con consecuencias.

Lionel Messi festeja uno de los goles contra Bolivia. Foto: AFP

La otra cara de la moneda entonces exige no creerse lo que esta Selección no es, al menos por ahora. No es la mejor del mundo. Para Sudamérica tal vez sobre, pero la imposibilidad de competir con selecciones europeas (culpa del egocentrismo de la UEFA) abre un paréntesis de dudas. En los 36 partidos que lleva el ciclo de Scaloni sólo hubo una prueba de ese nivel, ante Alemania (2-2) en 2019.

Todo indica que las próximas fechas de las Eliminatorias confirmarán la evidente supremacía de Argentina y Brasil y que la harán valer en la tabla de posiciones.

Pero falta lo otro, una sana costumbre que desde la época de Menotti era irrenunciable en la Selección. Jugar contra Francia, Italia, Inglaterra, Alemania, jugar contra los mejores, medir fuerzas, equivocarse, corregir. Sacar conclusiones. Seguir creciendo. Messi, en su madurez, parece también tener claro que ese es el camino a seguir.

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