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Septiembre versus setiembre: la madre de todas las batallas del lenguaje inclusivo

Empezó públicamente la temporada de los que odian a los que dicen Setiembre. El mes nueve del calendario no es sólo un mes: es la madre de todas las batallas lingüísticas. Probablemente estemos hablando de la palabra más discriminada en la historia de la Real Academia Española. De la primera víctima del bullying gramatical.

Serán señalados como hippies con Osde todas aquellas personas y generaciones afines al lenguaje inclusivo que digan septiembre con “p”.

La verdad, decir setiembre suena peor que decir “mierda” o cualquier otra mala palabra. Quizás sea una cuestión de status. El lenguaje inclusivo, que pretende modificarlo todo, patear el tablero y pertenecer, debería hacer algo por la historia de un término que, comprendido oficialmente por el idioma, no deja de ser excluido y segregado cada vez que le toca aparecer en el almanaque.

Un estudioso del tema nos susurra que el que el idioma inclusivo no incluye a los que quieren hablar en castellano, pero “setiembre”, que forma parte de la dotación estable de palabras desde el 1800, sufre por la sola existencia de una acepción tildada de grasa o rudimentaria.

La fábrica argentina de Alpargatas, que le encargó a Molina Campos sus almanaques, siempre optó por Septiembre con “p”.

Ser o no ser culto

“En el uso culto se prefiere decididamente la forma etimológica septiembre”, sostiene el Diccionario panhispánico de dudas de la RAE.

Setiembre nació para el cachetazo: su sola mención sin la “p” trae corrientes agitadas de indignación. “Es como decir helicotero”.

Borges escribía “setiembre” porque subrepticiamente abogó por las minorías. Usaba su sentido berreta para provocar. A Bioy le molestaba horrores. “Cuando Borges propone setiembre, yo le retruco otubre. Mi enojo es desmedido porque lo que defiendo es una fonética de clase”, decía el autor de La invención de Morel.

En el peronismo siempre se garchó y se usó “setiembre”. Hay un #teamseptiembre que tiene los modos radicalizados de Javier Milei y a esta altura del año milita insaciable en redes sociales: Odio a los que dicen setiembre. Estoy a favor del voto calificado para evitar que los que dicen setiembre voten. Quienes digan setiembre irán presos.

“Las épicas lluvias de setiembre” es la metáfora que Borges utilizó para borrar las huellas etimológicas y hablar del golpe de Estado del 16 de setiembre de 1955.

Lo que se pierde

“Cuando quitaron la p, me pareció perder la primavera”, escribió la poeta María del Carmen Rourich.

Setiembre o septiembre vienen de “séptimo”. Ese era el lugar que tenía el mes en el calendario que inventaron los romanos para separar el tiempo del espacio. Arrancaba en marzo. Provenía del latín septembrem y septem (siete).

Cuando el actual calendario gregoriano tomó la posta, septiembre, octubre, noviembre y diciembre quedaron nominalmente desubicados, aunque esto a nadie parece importarle demasiado.

¿Qué pasa con la P? ¿Con la P de papá no se juega? ¿Y si la P  fuera tan sólo un agente encubierto del Patriarcado? Desde su encantador newsletter “Viejo Smoking”, la escritora Cecilia Absatz nos ruega: “Septiembre con p, por favor”.

Qué triste existencia la de setiembre. Por un lado es el mes de las mariposas en el pecho, la primavera, las florcitas, el mes más popular de los 12 que conocemos: popular porque acepta ser mencionado de dos maneras distintas. Único en su especie.

Y por el otro, pobrecito, es un mes acusado de cierta relajación fonética. Marginada por clases sociales, suele ser carta de presentación que permite imaginar un “dotor”, un “arquiteto”, una “atualización”.

Modificación por pereza

“José Luis Moure, hoy presidente o vice, no sé, de la Academia de Letras decía que las palabras se van modificando más que nada por pereza, la pereza de pronunciar todas las letras”, nos dice Absatz, pertinaz agitadora de la P. “Si bien hay algunas pérdidas que uno celebra, por ejemplo la b de obscuro, la p de septiembre yo personalmente no quiero perderla, como tampoco la de psiquiatría. Y ya que estamos, me molesta el folklore con c”.

Pero vayamos a la fuente más importante de todas: el Calendario Pirelli que desnudó -artísticamente- a Kate Moss y Milla Jovovich, entre otras modelos, tiene una clara posición tomada. Revisando sus archivos históricos, observamos que la marca de neumáticos definió una característica elitista para la suerte del noveno mes: “Septiembre” con p.

El Día de la Primavera esconde miserias linguísticas inimaginables. ¿Es el 21 de septiembre o de setiembre?

Montevideo, Uruguay, Agencia de noticias EPS: El ministerio de cultura del Uruguay emitirá un comunicado a través del cual se exigirá a los diferentes estamentos de la educación de ese país, que se refieren al noveno del año utilizando el término “septiembre” y no “setiembre”, como es actualmente.

Parece que en el español de Uruguay, hay una tendencia manifiesta a decir setiembre. Suponen que es por imperio del idioma portugués, donde ese mes del año no lleva la letra “p”.

La disputa se originó una vez más en el hermano país, donde ahora dicen que “es bien de alcahuete de la maestra ponerle la “p” a setiembre”. Tanto es así que “al que diga septiembre habría que sacarle el carné de uruguayo”.

Según nuestro corresponsal en Uruguay, septiembre con p es de porteño, “de los mismos que dicen pecsi o picza”. Lo cierto es que la caterva de elogios a la estación del amor y las florecitas resulta un biombo funcional al melodrama que esconde cierto tipo de pronunciación.

Octubre también pude ser “otubre”. Sí, es la variante antigua permitida, pero nadie escribe otubre. Sólo setiembre sufre el tormento en silencio.

Fue tendencia en Twitter no bien arrancó el mes: SeTiembre 33.3%, SePtiembre, 66.7%.

Mes de la diversidad nominal, la Real Academia indica que “septiembre” es la forma preferida en el uso erudito, “la majestad del uso”, señala, aunque a setiembre no se lo considera incorrecto. De todas maneras, hablamos de la RAE, la misma que propone escribir “güisqui” en vez de “whisky”.

“Otubre está en el diccionario, pero la RAE lo califica de “desusado”. La verdad, no sé para qué lo deja”, protesta el reconocido profesor Esteban Giménez, docente, lingüista y lexicólogo.

“No son pocas las decisiones controvertidas de la Academia que han provocado reacciones adversas entre la gente de Letras: desde la admisión como válido del participio regular de ‘imprimir’ (imprimido) hasta la escritura sin ‘p’ en los participios de los verbos derivados de ‘escribir’ (inscrito, descrito, transcrito), tan legales como inscripto, descripto, transcripto”.

“Ni hablar de la eliminación de la ‘s’ inicial en palabras como psicología, pseudónimo, psicastenia, etc., de las que admite su escritura sin ella. Y por supuesto, los consabido, y analizados hasta el cansancio, casos de almóndiga (por ‘albóndiga’), murciégalo (por murciélago), ovio (por ‘obvio’), docientos y trecientos (por ‘doscientos’ y ‘trescientos’), todas palabras incluidas en el diccionario oficial”.

-Pero, profe, Borges decía “setiembre”…

-Y… él se tomaba ciertas licencias que después se transformaron en reglas.

WD

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