vacunas:-paso-a-paso,-como-se-da-en-el-tiempo-el-“tobogan-inmunitario”-contra-el-covidSociedad 

Vacunas: paso a paso, cómo se da en el tiempo el “tobogán inmunitario” contra el Covid

Tras haber entendido un poco el coronavirus y desarrollado vacunas seguras y efectivas, el desafío que hoy enloquece a los científicos es sistematizar las variadas respuestas del sistema inmune y establecer correlatos de protección clínica, sea luego de la infección como tras la vacunación. La baja de los anticuerpos, aseguran algunos expertos, arrancaría en un plazo muy corto (tan corto como tres meses), pero la cuestión está en cuán profunda es esa caída.

Y parece ser más profunda mientras más bajo es el punto del que se parte: la vacunación, en este sentido, pone el punto máximo del “tobogán inmunológico” más arriba que aquel de la propia infección.

Así lo definió un grupo de expertos australianos que plantearon tres modelos de cómo se da la baja en la inmunidad. Consideraron un modelo “ideal”, uno “intermedio” (que parece ser el más común) y uno que podríamos llamar “pesimista”.

Una trabajadora de la salud le toma un hisopado nasofaríngeo para detección de Covid a un paciente. /AP

El foco del que partieron en el paper “Prospects for durable immune control of SARS-CoV-2 and prevention of reinfection” (“Perspectivas de un control inmunológico duradero del SARS-CoV-2 y prevención de la reinfección”), publicado en junio en Nature Reviews, fue entender por qué nos reinfectamos, aun cuando los anticuerpos supuestamente suben.

Partieron de una base que tal vez derribe el ánimo, pero hay que tomar con cautela, ya que son muchas las variables involucradas: los anticuerpos neutralizantes “caen en meses y no años”, asegura el trabajo.

Jorge Quarleri, doctor en Bioquímica e investigador Principal del Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida (INBIRS, de la UBA-Conicet), resumió los tres modelos planteados.

“El primero, el modelo ‘ideal’, es el de una persona que atraviesa el episodio agudo del Covid, y cuya respuesta inmune, a pesar del tiempo, no cae por debajo del umbral de protección (en este paper, planteado en la línea del 50%), por lo que la posibilidad de reinfección sería nula. Es el escenario más deseable”, evaluó.

En el segundo, “la inmunidad cae por debajo del umbral, con lo que queda una inmunidad ‘parcial’, del 25%, aproximadamente. Hay posibilidad de reinfección, pero al haber inmunidad parcial instalada, puede ir acompañada de síntomas ligeros, con una menor posiblidad de que haya transmisión”.

Área de internación por Covid en el Hospital “Alberto Balestrini” de La Matanza, provincia de Buenos Aires. Foto: Télam

El último escenario es un “decaimiento grande de la primera respuesta inmune, que se da en forma progresiva, acentuada y rápida. La persona con una cinética así tiene mayor susceptibilidad a tener una enfermedad que eventualmente podría progresar en un cuadro severo“.

Comparativamente con el segundo modelo, ante una reinfección, es decir, “un nuevo desafío del virus”, el SARS volvería a multiplicarse como si fuera la primera vez. Como si esa persona nunca se hubiera infectado.

Tiempos

En el comienzo de estas líneas se dijo que los anticuerpos podrían empezar a caer luego de tres meses. Es un dato inquietante, cuando se repite como un mantra que “la inmunidad dura ocho meses”.

Y hay quienes dicen seis. Otros, diez. Otros, que depende de la marca de vacuna. O de la edad de la persona. O de sus factores de riesgo. Que depende de la separación de las dosis. De si tuvo Covid o no.

Sin dudas hay más preguntas que respuestas. No por nada, las principales bases de datos de papers científicos aglutinan más de 25.000 publicaciones focalizadas solamente en el problema de la inmunidad para el SARS-CoV-2.

Imagen microscópica del entonces llamado “nuevo coronavirus”, tomada en febrero de 2020. /EFE

Por suerte, van surgiendo consensos. Uno de ellos (siguiendo a los australianos) es que la inmunidad tiene un pico que se genera 3 a 5 meses después de la infección o de la vacunación. Pasado ese “clímax”, comienza a declinar. Primero más intensamente, luego a un ritmo más lento.

Todo está profundizado en otro trabajo interesante (de fines de agosto), “Durability of antibody response to vaccination and surrogate neutralization of emerging variants based on SARS-CoV-2 exposure history”, de investigadores estadounidenses, publicado en Scientific Reports (revista del grupo de Nature).

Dos aclaraciones importantes: se centran en las vacunas ARNm (son una proyección relativa pero no menor de lo que pasaría con otras vacunas) y no hablan de un “desplome” de los anticuerpos. Sin embargo, son claros en que, en tres meses luego de la segunda dosis, hay una caída en la inmunidad.

En ese sentido instan a repensar y mejorar las estrategias de “reestimulación” por vacunación. Es decir, administrar (es agotador siquiera mencionarlo) terceras dosis.

Booster

Un punto interesante es que, técnicamente, la segunda dosis de las vacunas y la reinfección actúan de un modo, en cierto sentido, comparable: ambas (con niveles distintos) reestimulan la inmunidad. Desde ya, nada justificaría salir a infectarse.

Pero vale la pena entenderlo porque acá entra un concepto  más optimista, impulsado por lo que Quarleri llamó “eventos genéticos“. 

Científicos del centro Gamaleya, donde se produce la vacuna rusa Sputnik V. /Bloomberg

Para entenderlo hay que recordar las dos grandes ramas de la inmunidad humana: la humoral (representada, entre otros, por anticuerpos neutralizantes y de unión) y la celular, o memoria inmunológica (mediada por linfocitos B y T), que funciona más bien a largo plazo.

“Esto no se vino discutiendo mucho, aunque sí fue mencionado en el último trabajo de (la investigadora del Instituto Leloir-Conicet Andrea) Gamarnik, sobre la inmunidad que genera la vacuna Sputnik”, introdujo Quarleri, antes de contar: “La concentración de anticuerpos puede caer, pero durante la respuesta inmune secundaria (una segunda dosis de vacuna o, mismo, la reinfección por Covid) se produce lo que se llama ‘evento genético’ en las células guardadas en la memoria inmune”.

Dicho de modo sencillo, “las células responsables de la fabricación de los linfocitos B de memoria hacen que la próxima tanda de anticuerpos que produzcan sean mejores”, lo que se traduce en una mejor “afinidad“.

Es casi un concepto bélico: la afinidad es una superación “en la fuerza con la que los anticuerpos se unen al enemigo para neutralizarlo”. La respuesta inmune, concluyó Quarleri, “ha madurado”.

PS

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA

Articulos relacionados