charly-garcia-cumple-70-anos:-vidas,-caidas-y-resurrecciones-de-un-icono-de-la-cultura-argentinaEspectáculos 

Charly García cumple 70 años: vidas, caídas y resurrecciones de un ícono de la cultura argentina

Llegó la hora y hay que decirlo de una vez por todas: es posible que Charly García sea un ser de otra dimensión.

Que no sea real. Que no sea verdad ese personaje físico que todos creemos conocer. Que lo de afuera sea sólo un envase, capaz de adelgazar, engordar, parecer más o menos lúcido según la ocasión y como consecuencia de un terremoto interno que opera sin pausas. Pero no nos engañemos; Charly no es eso que vemos. Todo lo contrario. Es lo no-visible, es la esencia, lo que hay en su interior.

Dentro de Charly García conviven en inestable conjunción un Mago, un Alquimista, un Quiromántico, un Genio Loco y una Estrella de Rock Fascista, como irónicamente se ha definido él mismo en más de una oportunidad, en sus días de Say No More).

Cada uno de ellos, por turnos y de manera caótica, van tomando el volante de ese cuerpo auto flagelado. Cada uno de ellos maneja los controles y parecen divertirse de manera perversa, al sacudirnos con electro shocks emocionales que se suceden a través de los tiempos como en una película de su adorado Stanley Kubrick.

Así entonces, y a la manera de aquella multi criatura que planteaba Theodore Sturgeon en su novela Más que humano, García el mago saca de su galera, blanca como la del Luna Park del 1975, bellísimas músicas y poesías. Luego, el alquimista transforma sus pérdidas y dolores en ocasionales pero maravillosos alivios para que el Mago pueda trabajar tranquilo.

El quiromántico lee con gran precisión y de manera exacta las líneas de la mano de un país inescrutable hasta para sus propios habitantes. Radar vigila, antena capta. El genio loco se desata a cualquier hora de cualquier día de no importa cuándo ni dónde, en su fábrica de ideas tan estrafalarias como eficientes, con operarios que viven haciendo horas extras.

Y la estrella de rock fascista destruye tanto hoteles y televisores como instituciones, mandatos, verdades mentirosas y cualquier obstáculo que le impida crear libremente. Hasta dictaduras.

Bendita influencia

Dice Wikipedia: “Considerado una de las figuras más importantes e influyentes en la historia de la música popular argentina y latinoamericana, su obra le valió el reconocimiento en muchas partes del mundo. Billboard lo definió como ‘Ícono del rock argentino’, Folha de São Paulo recogió el mote de ‘Mozart argentino’, y la BBC lo describió como ‘Pionero del rock en español’ y ‘Leyenda viviente’…”.

Pero la Criatura García se mofa de todo esto. Armado de ese temible y efectivo humor vitriólico, descarta una por una etiquetas y halagos. Y aunque su ego, que nunca será demasiado, pueda sentirse complacido, sabe muy bien dónde está parado.

Charly García es el espejo implacable donde se reflejan a cada paso las fortunas y las miserias de nuestras vidas. Vamos a decirlo de nuevo: Charly García es el espejo que nos refleja como sociedad. Desde ese lugar nos obliga a cuestionarnos permanentemente.

Un William Shakespeare ultra moderno con la capacidad de escribir las más feroces obras teatrales. Sube a escena argumentos extraídos de la vida real a los cuales les pone su sello indeleble. Y nos pone a actuar a todos sin que nos enteremos. Así, como al pasar.

El que dijo que Charly García es un ícono de la cultura se equivocó de bote a bote. Si lo fuera, no lo sería precisamente de esa cultura oficial desteñida y estereotipada que nos venden a diario como un objeto más de consumo. Por Dios, ¡pero si Charly García es la contracultura dibujada con bigote a colores! Es el Lado B de lo conocido, lo mediocre, lo correcto y lo permitido.

La re-evolución permanente

Un revolucionario que vive re-evolucionando y se resetea a sí mismo y a su entorno, que pone patas para arriba lo establecido, deformando y re significando la realidad como algo que excede hasta su propia definición, con sólo pararse arriba de un escenario.

Y miren lo que hace: con el pretexto de su música y sus canciones, que componen la banda de sonido de varias generaciones desde comienzos de los años ’70 hasta hoy, le abre la jaula al Mister Hyde que llevamos adentro, pero que muy pocos de nosotros se digna reconocer. Y entonces huimos, pensando que el monstruo es él.

A Charly García no lo hemos entendido durante tanto tiempo, que es escandaloso…

En lugar de ponernos a mirar lo que reflejaba el espejo, lo que nos gritaba en la cara este fastidioso oráculo porteño, en vez de revisar nuestras fallas, vicios, ambivalencias y bipolaridades, ¿qué hicimos? Lo llenamos con pastillas, le dimos los peores venenos, lo sacudimos con espantosos tratamientos de electro shock, lo internamos en clínicas siniestras.

En un asombroso ejercicio de hipocresía colectiva lo hemos señalado a Charly con el dedo durante décadas, como si fuera un redivivo monstruo de Frankestein al que hay que callar o esconder. Y hacia allí fuimos tantas veces, ignorantes, brutos campesinos portando antorchas rumbo al castillo, intentando acabar con la criatura.

Sin darnos cuenta que, a diferencia de la historia de Shelley, acá el “monstruo” no se puede destruir. Es imparable. Es Godzilla tomándose vacaciones de Tokio para veranear en Buenos Aires. Y nosotros los nuevos japoneses corriendo aterrorizados a su paso.

Charly García en sus propias palabras


Audios

A Charly le preguntaron por “el éxito”

“¿Dónde está el éxito?…”

El significado de un clásico imbatible

“Rasguñas las piedras es…”

Hablando de música clásica y rock en la BBC…

“Los grandes maestros eran unos freaks…”

¿De qué hablamos cuando hablamos de música?

“Por ahí soy un tradicionalista, pero para mí la música es…”

La clave no está en el qué sino en el cómo

“Realmente, las cosas que me imagino son bien comunes…”

El hombre que mira lo que pocos quieren ver

“Yo soy como una antena…”

Charly García y la política en los ‘90

“La política nunca me interesó, para nada…”

Charly le cuenta a Susana por qué se tiró a la pileta

“Lo que yo hice fue una declaración de principios…”

La pregunta obvia

Entonces, ya no podemos seguir preguntando “¿quién es Charly García?”. Antes, bien, la pregunta debería ser: ¿Qué cosa es realmente Charly García?

Pero cuidado, porque existe un escollo que impide dar respuesta definitiva a este interrogante. Y es esa capacidad de mutación constante que posee este Alien. Que hace que cuando pensamos que finalmente hemos logrado descifrar su ADN, ya haya cambiado de forma y se haya ido para otro lado. Catch me if you can.

Hemos tardado mucho en darnos cuenta que Charly García es nuestro aliado. Un guía con mirada de halcón en una república de ciegos. Por suerte, todavía estamos a tiempo.

Dicen que Charly García, y el mago, el alquimista, el quiromántico, el genio loco y la estrella de rock fascista, todos ellos juntos, están cumpliendo 70 años por estos días. Tal vez sea verdad, ¿quién sabe?

Setenta órbitas al Sol, para un extraterrestre de semejante calaña quizás no le signifiquen demasiado. Para nosotros es una gran suerte, un verdadero honor tenerlo acá, en nuestras filas. De nuestro lado, oficiando de Faro cuya luz puede iluminar hasta las más recónditas sombras de la ignorancia en la Era de la Boludez…

Con que, vayan pasando y pónganse cómodos porque la fiesta recién comienza.

Y en cuanto a usted, Charly García ¿qué decirle?… ¡Gracias por tanto, adorable Ser!

Cuando era niño nunca fui muy listo, tocaba el piano como un animal

Carlos Alberto García Moreno nació el 23 de octubre de 1951 en el barrio porteño de Caballito, en el seno de una familia acomodada, sin apuros económicos. De hecho, los García vivían en un suntuoso petit hotel; cada niño (Charly y sus tres hermanos) dormía en su propia habitación y eran atendidos por siete mujeres que hacían las cosas de la casa.

Desde muy niño su camino estuvo marcado por la música. Uno de sus primeros recuerdos era “una cajita con forma de piano, de nácar, a la que se le levantaba la tapa, se le ponía una bailarina y sonaba la melodía de Torna a Sorrento. Ahí se dieron cuenta mis viejos que podía reproducir en el piano cualquier cosa que escuchaba.” Tenía cuatro años.

“Me pusieron una profesora, Julieta Sandoval, que se encariñó conmigo. Empecé a estudiar y a dar conciertos en el conservatorio Thibaud Piazzini; pero después ella no iba al conservatorio sino que venía a mi casa. Era muy buena pero muy exigente, era mística, católica”, contó  alguna vez García.

Y agregaba: “El mensaje que ella me daba era que se llega a la sublimación a través del sufrimiento. Entonces yo hacía cosas raras, como lastimarme un poco, para tocar mejor. Cuando llegué a una edad, me di cuenta de que eso no era tan cierto y elegí a Los Beatles”.

1) Charly nació el 23 de octubre de 1951 en un hogar en el que cada hermano tenía su propia habitación y siete mujeres se encargaban de hacer “las cosas de la casa.

2) La música y los instrumentos fueron una compañía cotidiana. 3) Mamá Carmen era productora en Canal 7 y papá Carlos un reconocido físico, químico y matemático.

Si somos una familia muy normal ​

Algo no encajaba del todo bien en esa familia que conocía perfectamente los vericuetos del ingenio y la creatividad. Y ese algo era Charly.

Sus ancestros habían venido de Holanda, y su abuelo (Lange Van Domcelar) había participado activamente en la construcción de los doques de Puerto Madero y del famoso Torreón de Mar del Plata.

Papá Carlos Jaime García Lange, un reconocido físico, químico y matemático tenía una fábrica de fórmica (“la mía era la casa más moderna del barrio, imaginate, todo era de fórmica,”). Mamá Carmen Moreno trabajaba como productora en dos programas del viejo Canal 7 (Siete notas para el tango y Folklorísimo).

El divertimento familiar, una vez descubierto que el nene poseía oído absoluto, era silbarle o tararearle melodías, y él las reproducía de inmediato en el piano sin pifiarle a una nota. “Me vendaban los ojos y yo tocaba en el piano todo lo que me tiraban”.

En aquellos primeros tiempos varias circunstancias y acontecimientos lo marcarían de por vida.

Tu corazón parece de hormigón

Cuando tenía tan sólo tres años, el viaje en barco a Europa que sus padres emprendieron dejándolo a él y a sus hermanos (Enrique, Josi y Daniel) al cuidado de una abuela y de la pequeña legión de mucamas que transitaba la casa le provocó un ataque de nervios. Se sintió abandonado y le quedó media cara blanca. De allí, su bigote bicolor.

Su madre le contó a la revista a Rolling Stone: “Nunca me perdonó ese viaje. Fueron muchos días y él nos extrañó tanto que le agarró el vitíligo. Es el día de hoy que me acuerdo y me arrepiento”.

Tan enojado quedó Charly que compuso una de sus primeras canciones para ella, se titulaba Corazón de hormigón, y la letra dice: “El corazón es blando/ El corazón perdona/ Pero tu corazón/ parece de hormigón./ Por eso a ti te digo,/ ablanda tu corazón”.

Escucho un tango y un rock, y presiento que soy yo

Charly tampoco perdonó a su padre, aunque por otras cuestiones que iban a suceder más tarde. “Mi viejo escuchaba tangos, era muy civilizado. Pero cuando cambié el piano por la guitarra se dio cuenta que iba a abandonar la música clásica y se puso loco. Empezó a decirme que Los Beatles eran el fin de la civilización”.

A raíz de su trabajo, Carmen solía invitar a su hogar a los artistas que pasaban por esos ciclos. “Mi casa era punto de reunión de los folcloristas y tangueros. Venían, por ejemplo, Ubaldo De Lío, Mercedes Sosa, Eduardo Falú”, cuenta Charly.

Y sigue: “Un día, Falú empezó a cantar un tema y yo le dije: ‘Oiga maestro, está desafinada la guitarra’. ‘¿Qué cuerda?’. ‘La segunda, el Si’. La chequeó y vió que yo tenía razón. Falú tuvo la deferencia que cuando debutamos en tevé con Sui Generis fue al canal y se convirtió en nuestro padrino artístico”.

Para entonces, a Charly lo habían echado un par de veces de su casa: “En la música clásica, los grandes compositores ya estaban muertos. Ser intérprete me empezó a aburrir, y cuando vi que Los Beatles hacían canciones propias, cómo estaban vestidos, el pelo largo, se llenaban de plata y millones de chicas aullaban por ellos dije: ‘¡Sí, mejor es esto!’”.

“Escuché ese sonido por la radio y dije: ‘Dios mío, esto es música clásica pero con otros instrumentos. Le pedí guita a mi viejo, fui a la disquería y compré un doble que tenía cuatro temas. Me agarró la histeria de todos los fans. Escuché primero Twist and Shout. Era una bomba atómica.

1) El piano fue el instrumento que marcó el camino de la formación musical de García. 2) La aparición de Los Beatles marcó un punto de quiebre en ese rumbo para siempre.

Pero el tema que me definió fue There´s a Place, que tiene una armonía muy particular. Yo la uso mucho, son cuartas y quintas en vez de terceras. De ahí en más empecé a escuchar todos los grupos: los Rolling (Stones), The Who, The Byrds…”

Mi vieja me echó una vuelta porque yo quería vestirme como Brian Jones, que para mí era el más copado de los Stones. Entonces le afanaba a ella los chalecos, y como un día los escondió, me hice un chaleco con las cortinas”.

La escuela estaba ahí

Charly transcurrió su escolaridad en el Instituto Social Militar Doctor Dámaso Centeno. Era un colegio destinado especialmente a la educación de chicos de familias de militares, aunque para para 1956 ya incorporaba niños de familias de civiles. Pero el régimen seguía siendo bastante castrense.

“En primer año estaba todo bien. Me asomaba por una reja y abajo estaban los hijos de los militares. Pero ya en segundo se hizo imposible. Había que cortarse el pelo tipo media americana corta. De ahí salían o terroristas o militares. Tenía la particularidad de que después de quinto podías entrar al liceo militar. Pero yo nunca lo terminé porque me faltaba Química, que nunca la entendí”.

Fascinado por las posibilidades y el llamado libertario que le susurraba al oído el rock recién descubierto, García se escapaba del aula para ir a tocar el piano a la sala de música.

Nito Mestre y Charly Garcia cuando todo era el principio. Foto Archivo Revista Pelo

“Yo tenía una banda que primero le habíamos puesto The Young Bards (Los jóvenes bardos) y después fue To Walk Spanish. Una expresión que había encontrado en un diccionario inglés y que significa ‘los que hacen lo que no quieren’. Eramos seis. Yo y cualquier amigo que tuviera guita para comprarse algún instrumento”, contó el músico.

“En otra división estaba Nito con su banda, The Century Indignation, donde era el cantante. Ellos eran mejores vocalmente pero nosotros éramos mejores instrumentalmente. Un día decidimos fusionarnos; después se fueron todos los demás y quedamos Nito y yo. Y ahí después vino el éxito”, detalló en alguna entrevista.

“Pero no fue fácil. Íbamos a las grabadoras y todos nos decían que no les gustaba. Les cantábamos con la guitarrita. Un tipo quería que le limpiáramos la oficina. Cuando casi estabamos por desistir pasó lo que pasó”.

Sinfonía para adolescentes

Charly siempre cuenta que el nombre de Sui Generis apareció en un libro de geografía que estaba leyendo. Era el nombre de una montaña: “Me gustó porque después lo busqué en el diccionario, y quería decir ‘propio de su estilo’”.

Mario Kaminsky, uno de los grandes pioneros en la industria discográfica, recordaba que Carmen iba a verlo todas las semanas al sello Microfón y le llevaba casetes con cosas que tocaba el nene.

“Mi hijo puede tocar Chopin, Beethoven… Escúchelo don Mario”. Hasta que un día don Mario lo escuchó. Ese día, en la oficina estaba Jorge Alvarez, el creador de Mandioca, primer sello discográfico de rock independiente.

Le dieron una cita, a él y a su amigo Nito. “Estaba Billy Bond con Alvarez; nosotros fuimos con la guitarrita porque no se usaba la cosa de los demos. Tocamos, y Billy le dijo a Jorge: ‘Contratalos’.” Tocando para amigos, en bares y lugares reducidos, el dúo comenzaba a funcionar en base a canciones con letras para adolescentes… y no tanto.

Yo formé parte de un ejército loco

“Teníamos un pequeño éxito y me tocó la colimba. Creí que me salvaba por número bajo pero no. Me las ingenié para zafar. Estaba complotado con una enfermera que me guardaba la ropa y a la noche me cambiaba y salía a la calle. Volvía a las siete de la mañana. Le hacía algunos mandados a ella” (…)

“Un día me dio un muerto para que llevara a la morgue; subí al ascensor con el muerto pero paré en el segundo piso, donde estaba el casino de oficiales y el bar. Nos pusimos ahí en una mesa con el muerto y yo pedí dos Coca Cola. De ahí me mandaron al psiquiatra volando, y al final zafé”.

Charly García, los pelos largos, la impronta folk y una historia que recién comenzaba a escribirse.

Es interesante ver cómo la supuesta locura de Charly deviene siempre en un caos creativo. Allí está, por ejemplo, Canción para mi muerte. “Yo había tenido un soplo al corazón, supuestamente, y me habían llevado al Hospital Militar. Una noche tenía unas pastillas que me había dado mi mamá. Tomé un puñado; ni sabía qué eran”.

“Eran anfetaminas. Me agarraron palpitaciones, el corazón me latía a mil, subí a la terraza, di unas vueltas corriendo y cuando pude bajar a la habitación, había una lapicera y un papel. Ahí escribí toda la letra y la música. Yo no le daba mucha bola a esa canción. No me gustaba tanto. Pero fue la que Jorge Alvarez eligió como simple, y fue un hit”.

Yo miro por el día que vendrá

Tras el inesperado impacto de Vida, grabado a mediados de 1972 con varios músicos de La Pesada del Rock, Sui Generis comenzó a llenar lugares para 100 o 200 personas, pequeños teatros... O teloneaban los shows de Huinca, la banda de Litto Nebbia. También giraron como banda soporte de otro dúo, Pedro y Pablo, formado por Miguel Cantilo y Jorge Durietz.

Una noche, en el Auditorio Kraft, en la calle Florida, se le acercó una fan con una lapicera para que Charly le firmara un autógrafo. Ella se llamaba María Rosa Yorio y estudiaba teatro. Se enamoraron. Charly tenía una novia llamada Maggie, pero en un momento María Rosa se plantó: “Maggie o yo”.

La joven pareja se fue a vivir a una pensión, en Aráoz y Soler. “Yo había comprado un equipo Audinac y dos auriculares. Nos pasábamos las noches en la cama, escuchando música alucinante. Por ejemplo, El Lado oscuro de la luna, de Pink Floyd. Cuando llegó la parte de los relojes, en Time, los dos pegamos un salto hasta el techo”.

Las canciones del segundo álbum del dúo, Confesiones de invierno, exhibieron una mayor madurez. Las letras ya no eran sólo frescos para adolescentes; ya asomaban la mordacidad y la crítica social (Mr. Jones o Pequeña semblaza de una familia tipo americana) junto con la paranoia y cierto dejo depresivo (Rasguña las piedras).

Charly: “Para mí Rasguña las piedras tiene un nexo con The Wall, de Pink Floyd. Ambas canciones hablan de lo mismo: la opresión”.

De mis huesos la humanidad, debes salvar

Con la Argentina en pleno estallido político y con la Triple A de López Rega al acecho, el asunto se puso complicado para el tercer álbum. Según Charly, Pequeñas anécdotas sobre las instituciones era un disco raro, donde cada tema era una institución. “Las destrozábamos a todas, por supuesto. Pero el disco no vendió tan bien”.

“Para entonces eramos cuatro músicos. Pero ahí yo me di cuenta de que ya no había vigor. Cualquier cosa que tocábamos la gente aplaudía. En la banda había como un desgano. Entonces les di un ultimátum a los otros. Les dije: ‘Un mes y si no, me voy’. Al mes cayó Nito con su guitarra y le faltaba una cuerda. Dije chau”.

Originalmente este disco iba a llamarse solamente Instituciones, pero en un momento tan convulsionado, el productor Jorge Alvarez les recomendó titularlo Pequeñas anécdotas sobre las instituciones. Además pidió eliminar de la lista de temas dos canciones: Juan Represión y Botas Locas.

1) El encuentro con Nito Mestre fue en el patio del colegio Dámaso Centeno, y la música el tema que los unió. 2) El inicio del dúo estuvo marcado por una impronta folk que aparece en toda su dimensión en Vida.

3) El adiós de Sui Generis, en el Luna Park, fue la plataforma de lanzamiento del Charly “frontman” que se iría exacerbando con el paso del tiempo.

Y qué te importa la policía

Sin embargo, pudieron tocarlas durante los shows de despedida en el Luna Park. “Una vuelta caí preso en una comisaría, te llevaban preso solo por tener el pelo un poco largo. El oficial me dice: ‘¿Así que vos sos el que dice que las heridas son del oficial?’. El tipo se refería a Confesiones de invierno. ‘Bueno en realidad no quise decir eso…. es una metafora…’ , respondí. Esa vez zafé.”

“En esa época, después de un show en Montevideo, caímos todos en cana por cantar Botas Locas. Nos pusieron en una camioneta y nos llevaron a la comisaría con una bolsa en la cabeza; se escuchaban gritos y ruidos de armas. Los tipòs simulaban que nos iban a matar. Cuando me sacaron el trapo había un póster hecho con fotografías de montoneros muertos”, contó Charly.

“Los tipos decían: ‘Yo mate a éste, éste y éste’. Pensé: ‘Cuando llegue nuestro manager nos saca’. Y al rato veo que cae preso el manager. Los instrumentos tambien fueron presos.”

​”Trajeron un grabador Geloso con el audio del recital, pero el sonido era tan malo que yo empecé a escribir la letra de la canción y la cambié. Donde decía: ‘Si ellos son la patria yo soy extranjero’, puse ‘Si ellos son la patria yo me juego entero’. Nos soltaron porque me creyeron y los salvé a todos”.

Pronto en esta ciudad me van a nombrar ciudadano legal

Para 1975 Charly se había cansado de algunas cosas. En primer lugar su piano acústico ya casi no se escuchaba en vivo, tapado por los instrumentos de los músicos que los acompañaban. Le pidió a Billy Bond que le comprara un sintetizador, un piano Fender Rhodes y un Moog en Nueva York.

Charly electrificado comenzó a componer otro tipo de música, en paralelo con bandas de afuera que le volaban la cabeza, como Yes, Genesis y Steely Dan. Pero también esta harto de escribir canciones para adolescentes en alguna tonalidad que pegara con la voz de Nito. Así que le avisó a Jorge Alvarez que iba a terminar con Sui Generis. 

En su momento de mayor popularidad, el dúo devenido en cuarteto se separó. Con la despedida en el Luna Park no se terminaba solamente una banda. Era el fin de una etapa y también de una época. Pero empezaba otra.

“Hacíamos siete u ocho shows por noche; parecíamos los bailanteros. Hice un cálculo y dije: ‘¿Y si en vez de hacer diez shows de tres mil personas metemos a toda esa gente en un solo lugar?’. Cuando llegó el día de Adiós Sui Generis salí a dar una vuelta por las inmediaciones, con mi hermano y un amigo. No lo podíamos creer. Había largas colas de gente esperando para poder entrar”.

Sui Generis reunió a 25.600 personas en dos funciones esa misma noche. Jorge Alvarez aprovechó para realizar la grabación en vivo de esos conciertos y filmar una película del mismo nombre dirigida por el realizador Bebe Kamin.

Cuando se produjo la ruptura el grupo estaban planeando su cuarto álbum que se iba a llamar Ha sido, disfrazando el título verdadero: Ácido. Ese disco jamás se publicó, pero varios de esos temas aparecieron luego en el repertorio de Charly y de Nito: Fabricante de mentiras, Eiti Leda, Bubulina, El Fantasma de Canterville y Alto en la Torre, entre otros.

Yo era un hombre bueno, si hay alguien bueno en este lugar

Cuando Sui Generis dejó de existir, Nito se fue a vivir a la casa de Charly. “Al revés de lo que todos pensaban, el desordenado y el caótico era Nito, y yo mucho más ordenado. Él dejaba papeles de diarios tirados por todos lados. Pero bueno, Nito me hizo descubrir la crema de enjuage para el pelo.”

El paso siguiente fue la breve pero fructífera y divertida experiencia llamada PorSuiGieco. En 1974 Raul Porchetto, Nito, Charly, León Gieco y María Rosa Yorio armaron una banda al estilo Crosby, Stills, Nash & Young, que debutó en el Auditorio Kraft.

Tras la muerte de Juan Domingo Perón, la presidencia quedó en manos de su viuda Isabel Martínez de Perón, y La Triple A, dirigida por López Rega, colaborador personal del General, amenazaba a músicos, actores, periodistas y escritores. Pero lo peor no había llegado.

Tras una breve gira por Tandil y Mar del Plata, PorSuiGieco grabó su único disco, en el que el quinteto acústico se transformó en una banda de rock, con Oscar Moro, las tres cuartas partes de Crucis, Gustavo Bazterrica y Alfredo Toth, entre otros.

De esa formación, Fernández, Moro y Bazterrica iban a participar de la próxima banda que Charly ya tenía en su cabeza: La Máquina de Hacer Pájaros. A ellos se sumaría el ex Pescado Rabioso, Carlos “El Conde” Cutaia. Era una movida inédita en el país, donde una banda de rock presentaba a dos tecladistas.

Tendremos un hijo si quiere venir

Muy influenciado por el rock progresivo y sinfónico que venía desde Inglaterra, Charly comenzó a componer intrincadas melodías y arreglos, mientras vivía en una vieja casa chorizo en San Telmo, en la calle Chacabuco, junto a su esposa María Rosa Yorio y a su hijo recién nacido, Migue. Pero la pareja no iba a durar mucho.

Cansada de esperar a Charly, que cuando no estaba en un show andaba de gira, María Rosa armó una nueva relación junto al ex socio de Charly, Nito. Al mejor estilo de lo que les había ocurrido a George Harrison y Eric Clapton con Patty Boyd, la amistad de ambos músicos se mantuvo.

El nacimiento de Migue, el hijo de Charly y María Rosa Yorio, coincidió con un momento de mucha actividad del músico, y el matrimonio no tardó en separarse.

La Máquina de Hacer Pájaros calentó motores en Cosquín, y durante dos meses el quinteto ajustó detalles tocando en La Bola Loca, un café concert, propiedad del tanguero Atilio Stampone, en Córdoba y Maipú. Debutaron oficialmente para el gran público con una serie de cinco shows en el teatro Astral y grabaron dos álbumes excepcionales.

Charly lo recuerda así: “En lugar de utilizar notas negras o corcheas estábamos a full con las semicorcheas. Y era todo el tiempo titi-ri, titi-rí y biri-biri-bí. Ensayábamos seis o siete horas por día en un sótano. Hoy sería imposible tocar semejante cantidad de notas. Mi preferido es el primer disco. El segundo es mejor como producción, pero con el primero tengo algo emocional”.

Cubres tu cara y tu pelo también, como si tuvieras frío

El clima social y político en el país se había vuelto decididamente oscuro. Los militares habían tomado al poder e instauraron una dictadura sangrienta. Charly sentía una verdadera paranoia; pensaba que lo podían secuestrar o ponerle una bomba, como ya les había sucedido a otros artistas.

Al mismo tiempo en el seno de la banda comenzaban los conflictos. Algunos no estaban de acuerdo con cosas que Charly hacía sobre el escenario y él comenzó madurar la idea de irse de La Máquina.

Pero antes y a manera de despedida La Máquina se presentó en el famoso Festival del Amor, en el Luna Park, el 11 de noviembre de 1977 junto a una pléyade de amigos: Gieco, Nito y Los Desconocidos de Siempre, Gustavo Santaolalla y David Lebón entre otros. Con el dinero obtenido por ese show Charly decidió pasar una temporada en Brasil. Su cabeza ya había preparado nuevos planes.

Quién sabe Alicia este país, no estuvo hecho porque sí

Maria Zoca Pederneidas tenía 17 años cuando llegó a Buenos aires como bailarina, junto al ballet Maria Maria que dirigía Oscar Araiz. Después del estreno en un teatro porteño, Renata Schussheim llevó a los camarines a su amigo García, a quien le había rogado que la acompañara a la función.

Cuando el músico vio a Zoca, el flechazo fue inmediato. Y aunque era diez años mayor que ella, todos a su alrededor comentaban que nunca lo habían visto tan enamorado. En cierta forma Zoca fue una de las personas que contribuyó para la formación de Serú Girán. Siempre le decía a Charly que tenía que hacer música con Lebon.

Charly: “Íbamos todas las tardes a la casa de David en Belgrano y yo llevaba medialunas, tratando de convencerlo de hacer algo juntos. Pero me costó. David estaba en plan Maharishi, con los devotos y toda esa onda. Hasta que un día le pinté el cuadro:

Le dije que íbamos a una casa enorme en Buzios, frente al mar, con jardines donde íbamos a hacer meditación trascendental… Je je. Después fueron para allá Pedro y Moro. A Pedro lo había visto en un boliche donde estaba tocando jazz y me mató. Cuando empezamos a ensayar con Serú y David vio lo que tocaba Pedro se le cayó la mandíbula”.

Con un comienzo resistido, Serú Girán se convirtió en una de las bandas más importantes de la historia del rock argentino.

Porque estamos en la calle de la sensación

Serú Girán debía su nombre a una de las canciones incluidas en su primer disco homónimo, y en un comienzo fue bastante resistido por la prensa.

Una vez más, Billy Bond apareció en plan de productor, y les ofreció un contrato para hacerlos grabar un extraño disco titulado Billy Bond and The Jets, en el cual ellos fueron “banda de acompañamiento”. El disco pasó con poca pena y nada de gloria, como sucedería en alguna menor medida con el debut del cuarteto.

Al parecer el público esperaba de Charly una especie de resurrección de Sui Generis, y se sintió desilusionado con el sonido y los temas de la banda, a pesar de los antecedentes de sus integrantes. Moro, ex Los Gatos, Color Humano y La máquina; Lebón, ex Pappo’s Blues Pappo, Color Humano, Pescado Rabioso y Polifemo, y Aznar, ex Madre Atómica y Alas.

El primer show en vivo de Serú fue una movida promocional a bordo de un barco anclado en Puerto Madero. Pero el debut ante el público sucedió en el llamado Festival de la Fundación de la Genética Humana, en el Luna Park, donde comparteron cartel con León Gieco, Nito Mestre y Pastoral, y donde la cosa no fue nada bien.

Con el sonido jugándoles en contra, la banda se fue del escenario bajo una lluvia de objetos arrojados desde la platea. El primer álbum (que contiene dos himnos como Seminare y Eiti Leda) lo grabaron entre San Pablo y Los Ángeles, y el periodismo se rindió ante tanta calidad.

La grasa de las capitales, Bicicleta, Peperina… Tras una serie de shows en el Estadio Obras, Serú convocó a casi 60 mil personas en un show gratis en La Rural, pero el final del grupo se aproximaba. Aznar le hizo llegar un demo a Pat Metheny, cuya banda lo había deslumbrado, y el guitarrista finalmente lo sumó a sus filas. Al comienzo de 1982, la historia de “los beatles argentinos” llegaba a su fin.

La luna baja los telones, es de noche otra vez

Cuando Pedro me comentó que se iba, me sentí muy mal porque habíamos logrado un grupo que sonaba. Por otro lado, Pedro es un músico que está muy por sobre el nivel de lo que es la Argentina ahora y era lindo tocar con un tipo así. Pero también me sentí muy bien porque Pedro tiene otras perspectivas. Él quiere realizarse como persona, y me parece bárbaro”, contó Charly a la revista Pelo.

Serú Girán tuvo su gran despedida con dos recitales, los días 6 y 7 de marzo en Obras Sanitarias, que dejaron el álbum en vivo No llores por mí, Argentina como legado: una catarata de clásicos, más el tema que le da nombre al disco y un cover que fue hit: Popotitos.

Una década más tarde, Serú Girán tuvo su regreso, con la grabación de Serú ’92, un álbum que llegó a vender casi un cuarto de millón de unidades, y con presentaciones de gran convocatoria en Rosario, Córdoba y en Buenos Aires, donde llenaron el estadio de River Plate en dos ocasiones, grabaron En vivo I y II y dejaron una cuenta artística pendiente.

Como ya había sucedido con Sui Generis, la separación de Serú se dio en un momento de gran popularidad del grupo, a pesar del desgaste que se percibía en Peperina y al mismo tiempo que habían comenzado a abrirse otros mercados, algo que Charly venía persiguiendo desde tiempo atrás.

Sin embargo, el final llegó antes de que el demo en ingles de Peperina tuviera algún destino productivo. Se cuenta que Charly ya venía pensando en su carrera solista desde Bicicleta, y de pronto los astros se habían alineado. El momento había llegado.

Yendo de la cama al living

García había guardado un buen puñado de canciones desde unos años antes con esa idea, pero esta vez quería hacer todo él mismo: no solamente las letras y la música, sino también la interpretación. Razón de sobra para que en varios temas de su debut solista, estuvieran sólo él, sus teclados y una máquina de ritmos.

Tras la separación de Serú Girán, Charly descubrió que podía hacer todo por su cuenta, y puso manos a la obra. Foto Jose Luis Perotta

Al mismo tiempo, surgió la posibilidad de componer la banda de sonido de una película. Fanático del buen cine, admirador de la filmografía del cineasta neoyorkino Stanley Kubrick, García lo tomó como un bonus impensado. La banda sonora de Pubis Angelical fue publicada junto a Yendo de la cama al living como álbum doble, a pesar de lo muy poco que tienen en común.

¡​No bombardeen Barrio Norte!

De pronto, la Guerra de Malvinas y la insinuación de que la RAF (Real Fuerza Aérea de Inglaterra) podría llegar a lanzar un bombardeo sobre la ciudad de Buenos Aires, y cierta sensación de temor que impregnaba el aire reavivaron la paranoia del artista.

La paranoia malvinera fue parte del alimento de la creatividad de García, en los primeros ’80.

Una mañana de 1982, Charly García despertó sobresaltado al escuchar los estruendos de bombas que llegaban desde Plaza de Mayo, y se asomó al balcón creyendo que la guerra había llegado a la ciudad. Alguien le avisó que se trataba de los festejos por el 25 de mayo, y el episodio fue coronado con la composición, ahí mismo, de No bombardeen Buenos Aires.

No será que nuestra gente está muerta

Charly presentó Yendo de la cama al living el 26 de diciembre de 1982, con un recital en el Estadio de Ferro Carril Oeste, al que llegó a bordo de un Cadillac rosa. Con la Guerra de Malvinas ya en el pasado, el país iniciaba una nueva etapa. Y García, también.

Inconsciente colectivo iba en camino a convertirse en un himno, ​la presencia de Luis Alberto Spinetta en Peluca telefónica presentaba un encuentro inédito entre los dos artistas más grandes del rock argentino, y disipaba por completo una supuesta rivalidad que ya se habían encargado de desmitificar en el encuentro de Serú y Spinetta Jade, en septiembre de 1980.

Para la puesta en escena de Ferro, Charly convocó a Renata Schussheim, con quien ya había trabajado en la presentación de Bicicleta, para contarle una idea delirante que tenía en su cabeza.

Renata: “Cuando llega la fecha de Ferro, Charly me dice: ‘Me encantaría bombardear Buenos Aires. Quiero que algo reviente, que todo explote. Así que como punto de partida hay que construir una ciudad para luego bombardearla’“.

Sigue la artista plástica: “Llegó el día, y Trentuno había dispuesto la dinamita para hacer explotar los edificios que habíamos hecho con Juan Lepes. Pero en medio del show se largó a llover, la polvora se mojó y solo explotó la mitad. ¡Por suerte! No sé que hubiera pasado si explotaba todo junto”.

La incondicional: Mercedes Sosa y Charlymantuvieron un vínculo lleno de amor y respeto mutuo, tanto en lo personal como en lo artístico.

Él se cansó de hacer canciones de protesta y se vendió a Fiorucci

Con la publicación de Clics modernos, en 1983, Charly pateó el tablero, sampleó a James Brown en No me dejan salir, y si bien en Los dinosaurios mantenía vigente su mirada de monitor histórico, la apuesta al baile ganaba espacio de la mano de un sonido que se alejaba de los ’70.

Piano Bar completó la mutación. Charly ahora demolía hoteles, le prestaba atención a los raros peinados nuevos, rapeaba sobre el exilio y fagocitaba las bandas que él mismo se ofrecía a producir, apropiándose de lo mejor de cada una para nutrir y mantener actualizado su propio entorno.

1 – 2 – 3) Entre la trova y los “raros peinados nuevos: de Juan Carlos Baglietto a Soda Stereo, Charly fue un protagonista central de la movida post Malvinas, que incluía a músicos tan diversos como

Miguel Mateos, Luis Alberto Spinetta, Alejandro Lerner, León Gieco y Virus.

No puedes ser feliz con tanta gente hablando alrededor

Del Charly que venía de ganar nuevas audiencias al presentarse como uno de los invitados en los recitales del regreso al país de Mercedes Sosa en 1982 a Tango, el proyecto que lo unió a Pedro Aznar en 1985 en plan neoyorquino, el cambio fue radical. En lo estético, pero también en lo personal.

Los ’80 empezaban a dejar su marca a fuego. Y mientras García metía mano a las producciones de Los Twist, Los abuelos de la nada, Sueter y el debut discográfico de Fabiana Cantilo y Soda Stereo, Virus y Zas marcaban el paso del pop/rock argentino en Latinoamérica, Luca Prodan se encaminaba a su muerte anunciada y Miguel Abuelo seguía sus pasos.

1) Desde los días de Clics Modernos, Charly García y Fito Páez se profesan una mutua admiración y un amor incondicional. 2) Charly produjo los álbumes debut de Los abuelos de la nada, Sueter y Fabiana Cantilo, entre otros artistas.

No voy en tren, voy en avión

La segunda “trilogía” de los ’80, co-producida y mezclada, como la primera, por el ingeniero Joe Blaney, reúne los álbumes Parte de la religión, Cómo conseguir chicas  y Filosofía barata y zapatos de goma y consolida la sólida formación de su banda Los Enfermeros, integrada por Fernando Lupano, Fernando Samalea, El “Negro” García López, Zorrito Von Quintiero e Hilda Lizarazu.

Con ellos, el 15 de octubre de 1988 subió al escenario del megafestival Amnesty International en el estadio de River, cuyo cartel encabezaban Peter Gabriel, Sting y Bruce Springsteen, además de Tracy Chapman y Yossou N’Dour.

En el backstage, Charly se le plantó a Springsteen. “Ojo, porque acá el jefe soy yo”, dicen que le dijo al músico de New Jersey, apodado The Boss. Un rato después, sobre el escenario, con un pésimo sonido como atenuante, García dilapidaría la posibilidad de demostrar que estaba a la altura de los visitantes.

El cierre de la década llegó con la polémica -una más- por la incusión de una fantásticca versión del Himno Nacional Argentino en el álbum Filosofía barata y zapatillas de goma, que además contaba con la voz de Lolita Torres como agregado y esa maravilla confesional que García tituló De mí; una canción a la que de ahí en adelante habría que volver una y otra vez para entender de qué venía el plan.

Estoy perdiendo el calor, me voy muriendo y no sé por qué

Con los ’90 en marcha, Charly volvió a Ferro, pero en lugar de hacerlo en un Cadillac rosa, lo hizo en una ambulancia blanca, encorsetado en un chaleco de fuerza, auxiliado por sus “Enfermeros”. Nada casual; el hombre venía de una temporada de “rehabilitación” en la Clínica Guadalupe, donde junto a Pedro Aznar había parido Tango 4.

Casi en paralelo, Charly y Pedro, junto a Enrique Pinti, le habían dado forma a Radio Pinti, por algunos considerado el Tango 2, un mini álbum intrascendente, al lado del 4, que contaba en sus créditos con los nombres de Sandro, Alfredo Alcón y Jorge Luz. En el camino había quedado el Tango 3, planeado con Gustavo Cerati. y frustrado por los compromisos del Soda Stereo y de Aznar.

Charly García y Pedro Aznar; una sociedad que se reeditó numerosas veces, tras la disolución de Serú Girán.

Mucho más atrás aún, la idea de paris un disco en dúo con Luis Alberto Spinetta. Tras una participación en un programa conducido por Pepe Eliaschev para tocar Rezo por vos, que coincidió con el incendio del departamente de García, pasarían muchos años para que ambos se reunieran en un par de ocasiones sobre un escenario.

Tómalo con calma, la cosa es así 

De pronto, las luces de alarma se habían encendido en el entorno de García, y su “locura” empezaba a ser tema de conversación, más que su música. Y si había un disco con el cual no había manera de cambiar esa tendencia, era La hija de la lágrima; una ópera rock que no fue y que dejó sabor a muy poco.

También dejaban sabor a poco muchas de las presentaciones en vivo del músico, que solía demorar su salida a escena hasta lo indecible y que con frecuencia convertía el escenario en un espacio en el que el caos imponía sus condiciones, intervenido por raptos de lucidez que parecían poner las cosas en cierto orden siempre inestable.

1 – 3) Moda y pueblo 1: “Esperame ahí; no te equivoques con el paraíso”, escribió Charly el día que murió Diego Maradona. 2) Moda y pueblo 2: Charly fue un visitante

“ilustre” de los programas de Susana Giménez.

No pienses que estoy loco, es sólo una manera de actuar

​Con la evidencia de que la primera internación no había dado el resultado esperado, en noviembre de 1994 la mamá tomo riendas en el asunto e internó a Charly por segunda vez.

Al mes, el músico consiguió el alta. “Estoy en contra del método de mi mamá para internarme. Eso que se llama amor duro consiste en no explicarle nada al que se supone que está mal, cerrarle todas las vías de acceso a cualquier tipo de cosa, dejarlo en la calle”.

Así hablaba un Charly teñido de rubio, en homenaje a su ídolo Kurt Cobain, muy delgado y definitivamente sacado que, sin embargo, no perdía el foco.

“El secreto para no perder mi cabeza fue el idealismo, el amor y el público. Yo no estaba muy bien y la gente me tiraba buena onda. Creo que nunca la perdí, exageré quizás unas partes de mi personalidad que no eran muy agradables, pero nunca estuve loco”, le dijo a Susana Giménez en una visita a su programa.

40 discos imperdibles

Vida

Sui Generis / 1972

Charly García, junto a Nito Mestre, debuta con Canción para mi muerte y el tema se convierte en hit. El dúo, al que se suman Claudio Gabis y Alejandro Medina entre otros músicos, apunta a una temática postadolescente, con temas como Necesito, Dime quién me lo robó y Quizás porque.

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Confesiones de invierno

Sui Generis / 1973

Con David Lebón y León Gieco como invitados, además del bandoneón de Rodolfo Mederos, el dúo refina su propuesta musical, que coquetea con el rock sinfónico y el tango, y aborda una temática más adulta en canciones como Cuando ya me empiece a quedar solo y la que da título al álbum.

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Pequeñas anécdotas sobre las instituciones

Sui Generis / 1974

El dúo se convierte en cuarteto eléctrico y Charly esboza con mayor potencia su condición de cronista político y social. Además, con el Minimoog y otros teclados como aliados, despliega un arsenal de recursos orquestales que marcan el primer gran quiebre en su trayectoria.

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Adiós Sui Generis I

Sui Generis / 1975

Grabado durante los conciertos de despedida del dúo, a través de los nuevos arreglos el álbum doble presagia el despegue de García hacia un universo musical más elaborado y lo exhibe como un frontman avasallante en pleno desarrollo. Un documento para entender por qué era hora de partir.

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Adiós Sui generis III

Sui Generis / 1996

Publicado en 1996 con las “sobras” de los shows de despedida, incluye canciones como Nena, que Serú Girán grabaría como Eiti Leda, Bubulina, que se sumaría al repertorio de La máquina de hacer pájaros, y Fabricante de mentiras, que Nito tomaría para Los desconocidos de siempre.

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Sinfonía para adolescentes

Sui Generis / 2000

Varias razones confluyeron -entre ellas, la económica fue el un peso que inclinó la balanza- para que 25 años después del Adiós, Nito y Charly volvieran a trabajar en formato de dúo. El álbum incluyó algunos temas de la época del Sui originario, que habían quedado sin publicar, y varios nuevos.

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Sí – Detrás de las paredes

Sui Generis / 2001

El álbum, doble, reúne versiones del dúo grabadas durante sus presentaciones en la cancha de Boca Juniors y en Parque Centenario, aunque resulta casi imposible determinar qué porcentaje de lo que sonó aquellas noches quedó en la mezcla final, a la que se sumaron músicos que no fueron de la partida.

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Porsuigieco

Porsuigieco / 1976

Suele asociarse la reunión de Charly y Nito con Raúl Porchetto, Gieco y María Rosa Yorio al cuarteto formado por Crosby, Still, Nash & Young. Sea como sea, el primer supergrupo local dejó algunas links canciones de fogón, además de una linda versión de El fantasma de Canterville.

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La máquina de hacer pájaros

La máquina de hacer pájaros / 1976

Formación “progresiva” por naturaleza, con dos teclados como rareza, el álbum llama la atención por la historieta de Crist como tapa y por la convivencia del folk de Cómo mata el viento norte con el “sinfonismo” de Ah, te vi entre las luces y la crudeza rockera de Rock and Roll.

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Películas

La máquina de hacer pájaros / 1977

Con arreglos más elaborados y un mayor virtuosismo respecto de su antecesor, temas como Marilyn, la cenicienta y las mujeres y El vendedor de las chicas de plástico revelan el novelístico de García, mientras Hipercandombe y No te dejes desanimar lo consolidan como monitor social.

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Música del alma

Charly García y amigos / 1980

El llamado Festival del amor, que se realizó en el Luna Park en noviembre de 1977 resultó algo así como un mini Las bandas eternas de García, que reunió a Sui Generis, a Porsuigieco y que le puso punto final a La máquina, que metió una versión extendida de Boletos, pases y abonos.

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Serú Girán

Serú Girán / 1978

Con Lebón, Oscar Moro y Pedro Aznar, García conforma un “dream-team” que graba temas como Seminare, Eiti-Leda y El mendigo en el andén, suma una orquesta e inventa un idioma. El cambio no fue bienvenido por los “fans” ni por parte de la prensa “especializada”. Al final, el tiempo puso las cosas en su lugar.

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La grasa de las capitales

Serú Girán / 1979

Un nuevo golpe de timón sonoro de los “beatles locales”: canciones directo al hueso, como La grasa…, Viernes 3AM, Los sobrevivientes y Noche de perros, en medio de la oscuridad de la dictadura, y una tapa histórica que parodió con notable elegancia a la revista Gente.

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Bicicleta

Serú Girán / 1980

¿El mejor disco de Serú? A los jóvenes de ayer, Desarma y sangra, Canción de Alicia en el país, Cuánto tiempo más llevará… Es posible que lo sea. La banda suena más compacta que nunca, las voces del trío García-Lebón-Aznar se impone por prepotencia de armonía y las canciones apabullan.

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Peperina

Serú Girán / 1981

Del mejor álbum al mas flojo de la cosecha. El “pip” en el lugar en el que se tiene que escuchar “huevos” queda como testimonio de época. Pero con Cinema verité, Llorando en el espejo y Parado en el medio de la vida le alcanza para estar a la altura de una banda en plan de despedida.

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No llores por mí, Argentina – En vivo

Serú Girán / 1982

El disco de fin de fiesta de Serú tuvo como uno de sus hits más difundidos la versión “furiosa” de Popotitos. Sin duda que los mejores tiempos de la banda habían quedado atrás. Algo que quedaría demostrado con la edición posterior del doble en vivo registrado apenas unos meses antes.

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Serú ’92

Serú Girán / 1992

A 10 años de su separación, el cuarteto aceptó el reto de grabar música nueva y lo hizo con buenos resultados comerciales, y musicales. Del hit Mundo agradable a la belleza de A cada hombre, a cada mujer, pasando por Transformación, Déjame entrar y Si me das tu amor, entre otros.

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Serú En Vivo I y II

Serú Girán / 1993

A diferencia del disco registrado en estudio, las presentaciones de Serú en River estuvieron desdibujadas por un García varios escalones por debajo de lo que demandaba la ocasión. Aún así, momentos como el set acústico bien merecen una escucha del doble. Eso sí, sin mirar la tapa.

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Yo no quiero volverme tan loco

Serú Girán / 2000

Editado en el 2000, grabado en una consola de dos canales y editado sin retoques de estudio en diciembre de 1981, el registro pirata que Moro “rescató” en un puesto de Parque Rivadavia permite acceder a la mejor versión de Serú en vivo. El disco es todo lo que estuvo bien en la banda.

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Yendo de la cama al living – Pubis angelical

1982

El primer paso en solitario de García lo encuentra componiendo con algo de Serú en la memoria, Malvinas en la paranoia de No bombardeen Buenos Aires, Luis Alberto Spinetta en Peluca telefónica, la ironía en Yo no quiero volverme tan loco y la crónica en Inconsciente colectivo.

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Clics modernos

1983

Plan neoyorquino con Aznar como socio, músicos como Larry Carlton y Casey Scheverrell en el radar y la idea de cambiarlo todo. O por lo menos mucho. Nos siguen pegando abajo, Los dinosaurios, No me dejan salir: Charly nos puso a bailar y Clics se convirtió en faro ineludible.

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Piano bar

1984

Con el trío G.I.T. como base y Fito Páez como tecladista asociado, García consolidó su búsqueda de no tan raros lenguajes nuevos y creó clásicos como Promesas sobre el bidet, Demoliendo hoteles y Cerca de la revolución que envejecieron con la mayor de las dignidades.

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Terapia intensiva

1984

Concebido, a partir del encargue de Antonio Gasalla, como banda sonora de la obra de teatro del actor, incluye cinco pistas instrumentales y una canción, Chicas muertas, a la que García le pone voz. Para la grabación, convoca a Pablo Guyot, Willy Iturri y Alfredo Toth como banda.

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Parte de la religión

1987

No voy en tren voy en avión se transformó en nave insignia de uno de los mejores discos solistas de García. Con una calidad de grabación y ejecución impecables, el disco no muestra altibajos, de Necesito tu amor a La ruta del tentempié, incluidos Rezo por vos y la bellísima Adela en el carrousel.

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Lo que vendrá

1988

Una vez más, García se mete a compositor de la banda sonora de un filme, convocado por su director, Alejandro Mosquera, con la particularidad de que en este caso el músico además interpreta a un enfermero.

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Cómo conseguir chicas

1989

García vuelve a recurrir a Joe Blaney para la ingeniería y la producción de un álbum que reúne piezas que el músico dejó inconclusas en diferentes momentos. El resultado es contundente, con Fanky a la cabeza, A punto de caer y Anhedonia como joyas y No toquen como himno del vivo.

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Filosofía barata y zapatos de goma

1990

En una línea similar de trabajo que en los dos discos anteriores, con Los enfermeros como banda, García se animó a varias “irreverencias”. Por un lado, sumó la voz de Lolita Torres en los coros del tema que da título al álbum; y por otro, grabó su versión del Himno Nacional Argentino. Y hubo polémica.

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Funes, un gran amor

1993

Dirigido por Raúl de la Torre, con Gian María Volante y Graciela Borges, el filme fue estrenado en 1993, aunque la banda sonora nunca fue publicada. En su lista de temas, incluía Fifteen Forever, que luego reflejaría en el álbum de covers Estaba en llamas cuando me acosté.

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La hija de la lágrima

1994

Pensada y publicitada como una “ópera rock”, el rótulo resultó demasiado ambicioso para definir una sucesión de canciones hilvanadas por un hilo conductor más difuso que conceptual. Aun así, temas como Fax U, La sal no sala y Chipi Chipi se integraron al repertorio del “vivo” de García.

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Estaba en llamas cuando me acosté

1995

Durante el verano de 1995, Charly se la pasó tocando en lugares de la costa bonaerense temas como Mellow Yellow, Ticket to Ride, There’s a Place o A Whiter Shade of Pale .Las tres primeras canciones son parte del álbum, que reúne 12 covers de bandas como Rolling Stones y Eurythmics.

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Hello! MTV Unplugged

1995

En los albores de su período Say No More, Charly viaja a Miami para grabar en versiones acústicas grandes clásicos de su discografía, acompañado por María Gabriela Epumer y Fernando Samalea, entre otros. El disco, que muestra los temas en otro plan, fue un verdadero éxito comercial.

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Say No More

1996

Con el constant-concept como marco, Charly construye una obra que al mismo tiempo que va tomando forma parece nunca detener su mutación. Inestable, aleatoria, deforme; si la hubiese hecho David Bowie habrían dicho que era una genialidad. Ok, Say No More también lo es.

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El aguante

1998

Como si se tratara de resistir hasta el fin de siglo, García se sumó a la “cultura del aguante” desde un lugar particular, en el que conviven el Chuck Berry de ‘Correte Betthoven’ con Kill My Mother, el rescate de Dos edificios dorados y Tu arma en el sur como nota destacada, con Joaquín Sabina como ladero.

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Demasiado ego

1999

Algunos dicen que fueron 200 mil; otros, 300 y algunos audaces, 362 mil… “Vinieron muchos”, dice Charly en un momento del show que dio en Puerto Madero 2l 27 de febrero de 1999. Otro documento del “aquí y ahora” de un artista en plena batalla con sus demonios. Y su ego.

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Charly & Charly

1999

Durante su primera visita a la Quinta de Olivos, Charly no sólo se encontró a cenar con el entonces presidente Carlos Saúl Menem, sino que se despachó con una hora y media de recital, durante el que estrenó dos temas, y que quedó registrado en una edición no oficial súper limitada.

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Influencia

2002

En un mapa musical empobrecido como el país tras una década de gobierno peronista y la trágica experiencia de la Alianza, García volvió a plantar bandera. Tu vicio, el cover de Todd Rundgren Influencia, el regreso a viejas canciones y la bella I’m not in Love le alcanzó para captar la atención.

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Rock and Roll YO

2003

Tres temas que valen la pena el disco: Asesíname, Cretino y, un escalón más abajo, Dileando con un alma (Que no puedo entender). Rehén completaba el cuadro de honor del álbum, en el que aportaron lo suyo los chilenos Kiuge Hayashida, Carlos González y Tonio Silva Peña, además de Hilda Lizarazu.

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El concierto subacuático

2009

Tras varios shows “preparatorios”, Charly volvió a cantar en Buenos Aires, a lo grande, en el estadio de Vélez colmado y bajo un diluvio. Estático, lejos del caos que era su marca registrada, junto a su banda el básico hizo un repaso de buena parte de su carrera, y con Spinetta en el rol de invitado.

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Kill Gill

2010

Canciones repetidas, demos “filtrados”, animaciones que acompañaron las canciones; el proyecto Kill Gil se consumió más de cinco años de la pero etapa en la vida de Charly García. De esos discos que “hay que escuchar” para saber de qué se trata. Y poco más que eso.

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60 x 60

2012

En octubre de 2011, Charly decidió que iba a festejar sus 60 con un repaso de toda su historia. Lo hizo en el Gran Rex, de muy buena forma, a lo largo de nueve noches divididas en tres combos de tres. La caja sintetiza buena parte de la trayectoria de García, con algunas muy buenas versiones.

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Random

2017

La voz gastada, empastada, unas cuantas melodías recurrentes y la capacidad de García para hacer mucho con poco. La máquina de ser feliz asumió el papel de hit, y Lluvia, de pieza cumbre de una obra con algunos destellos de la vieja genialidad. Los suficientes para ganar el Gardel de Oro.

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Tango

Con Pedro Aznar / 1986

Nuevamente en plan neoyorquino, Charly y Pedro graban seis temas en el estilo “donchu”, que hacía referencia al tema Don’t You de Simple Minds. Hablando a tu corazón fue el hit, Pasajera en trance, la perla; el resto, entre ellos Angeles y predicadores y Gramercy Park Hotel, no desentonan.

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Radio Pinti

Con Pedro Aznar y Enriqui Pinti / 1991

En verdad, el disco estaba destinado a ser Tango 2, con Pinti como rapero de sus propios monólogos. Además, en el único tema cuya letra no es de su autoría, participan unos pequeños Illya Kuryaki and the Valderramas. El disco no tuvo demasiada difusión y paso bastante desapercibido.

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Alta fidelidad

Con Mercedes Sosa / 1997

Una docena de grandes canciones de García, como Cuchillos, El tuerto y los ciegos y Plateado sobre plateado adoptan un nuevo sonido en la voz de Mercedes Sosa. A pesar de que el proyecto estuvo a punto de quedar en la nada, lograron reflotarlo y llevarlo a buen puerto.

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No soporto la mañana, no soporto el sol

Al fuerte consumo de drogas ‘ilegales’ de Charly que se revelaba cada vez con mayor potencia en su comportamiento, se le sumaban las ‘drogas legales’, que le iban administrando durante sus períodos de internaciones. Y en eso, el artista hacía un llamado de atención.

“Hay clínicas que son terribles; yo estuve con chaleco de fuerza, me hicieron cosas espantosas. No te curan, porque no hay cura. Te dan un montón de otras drogas y te hacen adicto a esas drogas. Al final tenés que ponerte vos solo en un entrenamiento y sacarte todo eso de encima”, decía.

Para entonces, los escándalos se sucedían uno tras otro, todos debidamente fogoneados y registrados por la prensa amarillista; al mismo tiempo que con su álbum Hello! Charly García Unplugged el músico recuperaba algo del espacio perdido, tanto en las ventas y en los medios dedicados a la música.

Estaba en llamas cuando me acosté

Pero para cuando el Unplugged estuvo en la calle, García ya tenía nuevos planes para su presente, y Say No More se convertía en bastante más que una consigna, asociada a la idea del “constant concept” que comenzó a presidir las sesiones interminables de grabación del álbum Say No More.

Para los fans históricos, se abría posiblememente la etapa más floja, caótica e inentendible del artista; las nuevas generaciones, en cambio, descubrieron un proto-punk que hacía del delirio su comida cotidiana, y renovaron buena parte de su público.

1 – 2 – 3) Aerosoles, grafitis, antiparras y el caos: Charly cerró los ´90 encerrado en Say No More y embadurnado en pinturas que lo cubrieron todo, incluido su departamento de Coronel Díaz y Santa Fe.

La frase “say no more” está tomada de la escena de la película Help, de Los Beatles, en la que ellos van a un restaurante hindú, a Paul lo saca a bailar una espía india y se produce un diálogo ridículo entre ellos, repitiendo varias veces la frase “say no more”. (No digas más).

Mi capricho es ley

“Say no more quiere decir calláte y escuchá…” Según las propias palabras de Charly, “say no more” es un concepto que excede el disco, una forma de vida.

“Ahora tengo que cumplir yo los principios de Say No More. Es un poco raro entablar un diálogo que dice Calláte. Pero esto es para que lo escuches, nada más. Soy lo suficientemente distinto como para llamar la atención y tener a la gente atenta de lo que pueda pasar conmigo. Ellos entienden por qué hago esto, aunque para algunos es un personaje que les revienta”.

La estrella de rock arrasaba con todo a su paso. “Yo empecé a tirar la de que soy una estrella de rock y ellos la pescaron. Una estrella es una persona a la que se le paga por hacer locuras, hacer todo lo que ellos no se animan. Y a algunos les jode porque yo no pido disculpas por lo que hago”.

A partir de allí La Bestia se reveló en toda su dimensión, decidido a tomarse a sí mismo como campo de pruebas. Pintó con aerosoles todo lo que se le puso a su paso, empezando por su propio y concurridísimo departamento de Coronel Díaz y Santa Fe y su teclado.

Charly García y su hijo Migue; y un abrazo que suena remanso en medio del caos . Foto Archivo Clarín / Hernán Rojas

La entrada es gratis, la salida…

En tanto la fábrica de componer, grabar y publicar discos no se detuvo. Después de Say No More, Alta fidelidad unió a García con Mercedes Sosa, quien le puso su voz a una serie de clásicos del artista, con resultado dispar. Enseguida fue el turno de El aguante, título que sintetizaba del mejor modo la situación que atravesaba el músico.

Enseguida, la convocatoria a tocar en Puerto Madero, en el marco del ciclo Buenos Aires Vivo, aportó un nuevo motivo de polémica, cuando a García se le ocurrió que era una buena idea tirar maniquíes al dique, como una idea de homenajear a los víctimas de los vuelos de la muerte de la última dictadura militar.

Las Madres de Plaza de Mayo, con Hebe Bonafini al frente, no sólo se negaron a avalar la idea de Charly, sino que la criticaron duramente. En el tira y afloje, el músico cedió y abandonó la idea. La noche del 27 de febrero de 1999, antes unas 200 mil personas, Hebe y un grupo de madres subieron al escenario invitadas por el anfitrión. El resultado fue otro disco en vivo, Demasiado ego.

Voy a saltar adentro tuyo, comiéndome de a poco tu orgullo

Hasta mediados de 1999, Charly García hablaba de Carlos Menem como Nemen, y si hay algo que no le profesaba era algún tipo de respeto. Sin embargo, una invitación del entonces presidente pudo más que aquella aparente convicción, y el encuentro quedó coronado con la grabación de Charly & Charly.

“Llegamos, Charly bajó de la combi, se abrió la puerta del chalet y salió Menem. Charly avanzó, volvió corriendo a la combi, agitado. ‘Menem tiene el brazalete. Este es el país Say No More’. Volvió, abrazo tremendo con Menem, y lo que siguió fue una cena increíble, distendida y divertida, que terminó con el famoso show”, contó Fernando Szereszevsky a Clarín, en 2018.

“Luego de esa noche se siguieron visitando y se enviaban regalos mutuamente, eran dos tipos que habían pegado onda”, reveló el ex manager de García.

A García le dijeron que era igual a los demás, y encontró la manera de demostrar que eso no era cierto: nueve pisos en el aire y una zambullida que hizo historia.

Mirá pendejo, me tiré por vos

Charly inauguró el nuevo milenio a su manera, con varios episodios altisonantes. El más relevante de todos ocurrió el 3 de marzo de 2000, cuando se tiró desde el noveno piso del hotel donde estaba alojado, en Mendoza, a la pileta de natación.

“Qué puntería, eh? ¡Y no me dieron el Récord Guiness! Tenía el hotel invadido de policías que habían ido a buscarme por algo que no había cometido. Entonces me asomo al balcón y un policía desde abajo me grita que todos somos iguales ante la ley. ¿Ah si? ‘Si somos iguales, a ver si podés hacer esto, negro’. Y me tiré. Después me fui así como estaba al aeropuerto y aparecí en mi casa”.

Tres meses más tarde, durante una entrevista que le estaba realizando Jorge Lanata en su programa Día D, ante la chicana del periodista, que lo acusaba de copiarse a sí mismo, Charly le respondió sin filtro: “Y yo pienso que vos sos un pelotudo. Pero ojo, te dije pelotudo bien”.

No entiendo a los que hacen lo mismo que yo hice ayer

El 30 de octubre del 2000 salió a la venta el álbum Sinfonía para adolescentes, que acompañó el regreso de Sui Generis, aunque dentro de un nuevo concepto que el propio García tituló “la maravillización”: capas musicales que se iban sumando en sus canciones hasta lograr un sonido determinado.

El regreso del dúo en vivo, accidentado y con algunas perlas como la descarnada versión de Confesiones de invierno que el artista ofreció sentado sobre su piano, se produjo en diciembre de ese año en la Bombonera. Sin embargo, la gira internacional que planeaban hacer no se concretó.

En cambio, sí se publicó Sí – Detrás de las paredes, un registro en vivo grabado en parte en Boca Juniors y en otro recital de Parque Sarmiento, aunque cuesta bastante reconocer qué de todo lo que suena fue lo que tocaron en las presentaciones y cuánto fue agregado luego en el estudio.

Es muy difícil ver, si algo controla mi ser

La publicación de Influencia, en 2002, parece reubicar a García en el centro de la escena una vez más; algo que logra refrendar al año siguiente con Rock & Roll Yo, continente de canciones como Rehén, Dileando con un alma y Asesíname, que muestran algo de lo mejor del compositor había sido.

Pero para entonces las novedades venían más por el lado de los policiales que por el de lo musical. Charly fue arrestado en Quito, bajo el cargo de alteración del orden público luego de patear micrófonos y otros equipos de sonido en el cierre del festival de rock en el estadio Rumiñahui, de la capital ecuatoriana.

No le fue mejor en Uruguay, donde le tiró un vaso por la cabeza a un fotógrafo, ni en Colombia, donde eso de “cocacolombia” no cayó nada bien, en un marco de violencia narco que tenía en jaque al país. Eso sumado a las idas y vueltas entre clínicas, rehabilitaciones y cada vez menos recitales, desdibujó su imagen de manera notable. 

1) La era del “aguante”, en un cambio de siglo que Charly atravesó en las mejores condiciones que le fue posible hacerlo. 2) Auriculares para la “maravillización” sonora.

3) El artista, de pie frente a los “aliados” de Say No More, en un tiempo de recambio generacional de su audiencia.

Pero Charly siempre vuelve. Aunque el último regreso sería en cámara lenta.

Estaba muy aburrido, en mi Mendoza fatal

Es difícil determinar si era aburrimiento, pero el 9 de junio de 2008, una vez más en la provincia cuyana, Charly perdió el control. Las crónicas indican que había discutido con uno de sus músicos, y luego destrozó el amoblamiento de dos habitaciones a punto de lastimarse con vidrios en los pies y las manos, razón por la cual debió ser internado.

El desastre siguió en el hospital, del cual García intentó escapar, aunque sin éxito. En cambio, los enfermeros que lo corrieron por los pasillos lo sedaron y dieron inicio a una nueva temporada de encierro para el músico.

1) Charly García y una década en tránsito a la colisión con su propio personaje, transcurrida entre la música y los escándalos.

Amigo mío, vuelve a casa pronto

El alta para Charly, en la clínica Dharma, llegó el 24 de julio de 2008 y con la aparición providencial de Palito Ortega, quien puso a disposición su estancia en Luján para que el músico completara su recuperación.

“Con Palito nos conocimos en un juzgado, porque yo había dicho de él algunas cosas no muy agradables. Pero pese a eso nos hicimos amigos. Vino a verme a la clínica donde yo estaba internado y me brindó su amistad. Y me dio la oportunidad de irme a su quinta; porque si no me mandaban a un lugar de esos donde ya sabemos lo que te hacen”, dijo García más adelante. 

Alguien que me emparche un poco 

Charly García conoció a Mecha Iñigo alrededor de 2007, cuando el músico buscaba una actriz para sus shows. Mecha (que ya había trabajado con algunas bandas e incluso había aparecido en un video de Babasónicos) subía al escenario vestida con un velo, y escribía sobre un gran acrílico frases de las canciones que Charly iba cantando. A este personaje se lo conoció como “La Talibana”.

“La conocí cuando era DJ en MTV, en un boliche; después me gustó para usarla como la talibana. Aparecía toda de negro y solamente miraba. No era muy fan mía, era más bien rolinga; le gustaban Los Ratones Paranoicos. Ella tiene todo en folios y en cajas, como una oficina en casa. A veces la putean, es tipo Yoko Ono”, dijo García, cuando la relación entre ambos ya estaba encaminada.

Guste o no Mecha está desde entonces al lado de Charly, lo cuida, lo protege, se ocupa de su salud, lleva la administración de su carrera y cuando es necesario oficia como férreo filtro con los periodistas. Una presencia adecuada en el paulatino derrotero de recuperación del músico.

1 – 2 – 3) Regreso con gloria: bajo una lluvia torrencial, Charly reunió el 23 de octubre de 2009 a unas 40 mil personas para que fueran testigos de su “resurrección”.

Un repertorio impecable, acompañado por una banda en la que confluyeron Los enfermeros con los chilenos de The Prostitución.

Ahora que estoy rehabilitado saldré de gira otra vez

Llevó un tiempo volver a ver a García en acción nuevamente. Hubo una exposición algo controversial del músico en la Plaza de la Catedral de Luján, y luego, lentamente y de la mano de una estrategia de cuidados extremos a cargo de Szereszevsky, regresó al ruedo.

Primero Chile, después Perú… Acompañado por el trío chileno que llamaría The Prostitution, más los “enfermeros” ‘Negro’ García López, Hilda Lizarazu, el Zorro Von Quintiero y Fernando Samalea sintonizó hasta desembarcar en Vélez con su Concierto Subacuático, que poco después replicó -sin agua- en varios Luna Park.

Entre octubre y diciembre de 2011 Charly festejó sus 60 años con una serie de recitales triples en el Teatro Gran Rex. Cada uno de ellos llevó un título (La vanguardia es así, Detrás de las paredes y El ángel vigía) y en ellos presentó sesenta canciones de su monumental trayectoria.

Esos shows, junto con la filmación de los mismos, fueron publicados más tarde en una suntuosa caja de tres CD´s más 3DVD´s bajo el nombre de, precisamente, 60 X 60

Debieron pasar dos años más para que García pisara por primera vez el tablado del Teatro Colón, donde presentó su obra en dos actos Líneas Paralelas, Artificio imposible, con una performance impecable, junto con su banda, más las cuerdas de la Orquesta Kashmir.

1 – 2 – 3) En 2011, García festejó sus 60 años con nueve conciertos en el Gran Rex en los que repasó 60 grandes canciones de su cosecha.

Pedimos perdón, corriendo enmascarando el fin

Aquejado intermitentemente por distintos problemas de salud, Charly se mantuvo en silencio hasta 2017, cuando luego de siete años sin discos nuevos -y eso considerando Kill Gil como algo válido- anunció la publicación de su excelente Random, que incluye el tema La máquina de ser feliz.

“Se llama así porque es donde caiga la púa; no tiene ningún orden específico. Yo estaba en el Faena y de repente me tropecé y me caí, y se me rompió la cadera, así que estuve un año y tres meses sin moverme y ahí compuse. La máquina de hacer feliz es Dios, aunque por supuesto que Dios no existe, es un cuento, es una fábula”.

Coherente con la parte de la letra del tema donde canta que “la máquina de ser feliz, la tiene el Papa, la tengo yo”, Charly mandó al Zorrito von Quintiero a la plaza San Pedro para obsequiarle a Bergoglio un vinilo con una dedicatoria especial: “Querido hacedor de la paz, esta es mi cocina (por el dibujo en la tapa). Random es el viento de la vida. Rezo por ti”.

En 2017 Charly García volvió a la escena con Random bajo el brazo. Fotos Martín Bonetto

Siempre estoy en Fantasy

“Tesla regalaba electricidad; de él decían que era utópico. Y yo creo en la utopía, creo en la magia. No soy ningún loco. Soy como Tesla: sueño algo, pienso algo y al toque lo hago. Vivo como él en una burbuja hecha de inspiración”, contaba Charly un par de años atrás, interesado en la biografía del inventor austríaco Nikola Tesla y sus investigaciones en el campo del electromagnetismo.

Bajo esa premisa, García comenzó a programar, hasta poco antes de que se declarara la pandemia, conciertos titulados La torre de Tesla, anunciados apenas unas horas antes de que se llevaran a cabo. Shows siempre a sala llena, con las entradas vendidas en no más que un par de horas.

Viajaste de verdad, pasaste sustos. Saltaste la pared, cambiando

Con el diez por ciento de lo que vivió Charly desde su niñez hasta hoy cualquier otro ya hubiera mordido el polvo y estaríamos hablando de tragedia. Pero este tipo tiene un ángel aparte. Muchos le hacen a Charly el chiste que se le aplica desde hace años a Keith Richards: que él nos va a enterrar a todos. ¡Ojalá así sea!

Pese a su fragilidad, Charly llevó La Torre de Tesla al Luna Park, donde volvió a compartir el escenario con Nito Mestre. Foto Martín Bonetto

Sin embargo de lo que no ha podido estar exento Charly es del dolor, por mucha de su gente querida que ya no está: “Tuve la desgracia de que mi viejo y mi hermano Enrique se murieran los dos en una semana”.

Las pérdidas de Oscar Moro, su querido amigo desde La Máquina de Hacer Pájaros, la de María Gabriela Epumer (“Todavía en los shows me doy vuelta para buscar su mirada cómplice. Ojalá tengan tocadiscos en el cielo. Random es mi humilde homenaje a la mejor guitarrista que existió”), la del “Negro” Carlos García López (magistral violero de su banda durante años)…

Y también la de dos colegas y compañeros tan esenciales como Luis Alberto Spinetta (“Cuando se murió Luis, este país se quedó sin una pata”) y Gustavo Cerati (“Era un genio, íbamos a armar una banda juntos, pero justo me agarró un mercader de personas y me tuvieron internado cuatro meses”).

1) Charly García, un faro de la música argentina, cuyas astillas son, como canta Fito Páez, “las maravillas de su extraño corazón”. 2) El amigo Palito Ortega,

el hombre que le tendió una mano a Charly a la hora de encontrar un lugar en el que volver a ser.

Contra viento y marea Charly García sigue regalándonos su música genial, las iridiscencias mágicas de un ser que destila talento por todos sus poros. ¡Por muchos años más, Maestro!

El típico ser en la ruta del tentempié

-¿Perdiste muchas cosas en tu vida?

Lo más importante no lo perdí, que son mi cerebro, mi cabeza, mi inteligencia. No he dejado cosas sin las que me sea imposible vivir. En cambio algunas otras se perdieron, algunos amigos se fueron, he perdido gente en el camino también. Pero esa energía con la cual nací, todavía la tengo.

Alto en la torre

Entre otras distinciones, CAPIF (la Cámara del Disco) le otorgó a García tres Premios Gardel de Oro, el más importante de la industria. En 2002 en reconocimiento a su trayectoria, en 2003 por su álbum Influencia, y en 2018 gracias a su disco Random además de seis estatuillas, se llevó nuevamente el de Oro, premio que le entregó su amigo Palito.

Además, en 2009 Charly recibió el Grammy Latino a la excelencia musical y desde 2005 ostenta el título de Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. 

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