autonomia-tecnologica:-prioridad-absoluta-para-chinaEconomía 

Autonomía tecnológica: prioridad absoluta para China

Idea. La segunda potencia económica del mundo depende de productos estadounidenses o coreanos del sur para sus avances tecnológicos. Destinará un fondo de US$150.000 millones para el desarrollo de una industria local de mircochips.

La clave de la autonomía tecnológica que propone el presidente Xi Jinping consiste en impulsar la innovación doméstica; y como consecuencia, localizar en la República Popular los aspectos centrales de la Cuarta Revolución Industrial (CRI), que es el esfuerzo sistemático de digitalización de la manufactura y los servicios.

Este es el proyecto central de Xi Jinping desde que asumió el poder en 2012, pero ahora ha tomado características de urgencia por la Guerra de Ucrania y las sanciones impuestas a Rusia por EE.UU. y la OTAN.

La novedad histórica del conflicto ucraniano es que EE.UU. asumió su conducción, y lo ha convertido en una guerra global de nuevo tipo contra Rusia y China, que puede transformarse en cualquier momento en un choque bélico con la República Popular por la posición asumida por el presidente Joe Biden y el Congreso de Washington de respaldo a la soberanía de Taiwán.

La búsqueda de la autonomía tecnológica no significa para China en modo alguno una política de autarquía.

China es la principal potencia comercial del mundo; y responde por 35%/40% del alza de la economía mundial en los últimos 15 años; y es el número uno o dos en materia de inversión extranjera directa (IED) del sistema global, con un promedio de U$S150.000 millones/U$S 160.000 millones anuales en igual periodo.

Xi Jinping estima que el núcleo del capitalismo globalizado de nuestro tiempo es la capacidad de innovación, por encima de la inversión de capital. Es una visión marxista/schumpeteriana insertada en la cultura de un pueblo con 5.000 años de historia.

Todo indica que éste será el contenido primordial del Vigésimo Congreso del PCCh que se realizará en octubre, y que constituirá – así lo indica la historia de los últimos 10 años – una gran apuesta a la innovación, capaz de convertir a China en una sociedad tecno-intensiva y radicalmente innovadora, apta para desafiar incluso a EE.UU., el país más avanzado del sistema prácticamente desde su fundación, y profundamente admirado por Xi Jinping.

La República Popular ha creado un fondo especial de U$S150.000 millones para lograr el desarrollo pleno de una industria doméstica de semiconductores (“chips”), el insumo básico de la digitalización; a esto hay que sumarle U$S25.000 millones de los gobiernos locales, más otros U$S50.000 millones de créditos de los bancos estatales. Todo esto es para disputar el primer lugar en los “chips” a Corea del Sur y EE.UU.; y se propone obtener este logro en los próximos 10 años.

La dependencia de China de los “chips” norteamericanos ha sido el principal instrumento de EE.UU. para combatir a Huawei, que posee un completo dominio de la tecnología 5G, que es el más eficaz camino de acceso a la “nube”, o plataforma de digitalización global.

El núcleo de los “chips” es la nanotecnología; y su producto se mide por fracciones de milímetros; y es en este punto crucial que China está innovando tecnológicamente, sobre la premisa de que si puede lo más, también podrá disputar el primer lugar a EE.UU.

En su estrategia de innovación doméstica, la República Popular ha identificado 8.997 pequeñas y medianas empresas “high tech” que han demostrado una especial capacidad de innovación: son los “pequeños gigantes”; y para apoyarlos ha creado un mercado especial de capitales en Beijing; y las ha rodeado de miles de “Venture Capital” (inversores de punta), que disponen de capitales por más de U$S300.000 millones.

Estos “pequeños gigantes” se rigen por un criterio competitivo estrictamente “darwiniano”, en el que solo sobreviven los más aptos.

La visión estratégica de Xi Jinping, cuando asumió el poder en 2012 junto con la Quinta Generación, se fundaba en dos premisas: la primera era de carácter político, y es que el mayor desafío que enfrentaba entonces el PCCh consistía en la corrupción endémica y estructural que abarcaba a todas las estructuras del Partido y el Estado; y que estaba destruyendo su legitimidad frente al pueblo chino, que es la única y auténtica base de su poder.

El carácter endémico de la corrupción surgía del hecho histórico de que el PCCh actuó como el principal instrumento de apertura al capitalismo de la sociedad civil, lo que produjo inexorablemente una mezcla prácticamente absoluta de los intereses públicos y privados.

También advirtió Xi Jinping que una época histórica había terminado para la economía china; y que después de haber crecido 40 años a una tasa de 9,9% anual acumulada, con una duplicación del PBI per cápita cada 8 años, la tecnología utilizada para esta hazaña histórica era norteamericana en más de 60%, según el Banco Mundial.

De ahí el carácter absolutamente prioritario del desarrollo endógeno de la tecnología, ante todo de las tres fundamentales de la CRI – Inteligencia artificial/Internet de las Cosas/robotización -, sobre el convencimiento de que allí está el eje del poder en el siglo XXI.

Lo notable de la conducción china es que usualmente lo que se propone, lo logra; es una especie de “síndrome de la Larga Marcha”, solo que en las condiciones de la revolución tecnológica y científica de lo más avanzado de la época.

Articulos relacionados