Si el thriller, como género cinematográfico, se caracteriza por mantener al público en tensión y suspenso, siguiendo una trama llena de giros inesperados y a un ritmo rápido, la ópera prima del cineasta y escritor argentino Martín Murphy, lo cumple con creces.
Ese amplio territorio que también incluye al policial, el relato de intriga o film noir, es uno de los preferidos del público argentino, y de ahí su presencia mayoritaria y constante en las pantallas nacionales. Esta interesante producción, llevada a cabo a puro pulmón, sin crédito ni subsidio del INCAA, está ligada a todas estas premisas narrativas.
El protagonista, Diego Colvert (Damián De Santo), un taciturno mecánico de autos, sufre la pérdida de su mujer e hija luego de ser secuestradas y asesinadas, a pesar de pagar el rescate exigido. Aunque el suspicaz inspector Martín de la Cruz (Alfredo Casero) está a cargo de la investigación, Colvert inicia una búsqueda paralela con la ayuda de un conocido, el pragmático comisario Santos (Martín Campilongo).
En esas dos exhaustivas pesquisas paralelas, la formal para dilucidar qué sucedió y la privada para tomar venganza, se suman otros personajes como los respectivos y solícitos asistentes de los oficiales (Luciano Linardi y Gustavo Pardi), un agente retirado (Fernando Lúpiz), que tiene oscuros contactos con el mundo del hampa, la atribulada mujer en cuestión (Adriana Salonia) y, fundamentalmente, Pablo (Freddy Villarreal), el ambiguo amigo de la víctima y su esposo.
Sin embargo, la trama nunca es lineal y viaja en el tiempo de forma constante, entre diferentes pasados, el inmediato y el anterior a los hechos, y el presente. En cada giro, se suman pistas que además de revelar nuevas facetas, confirman que acá nada es lo que parece y todo debe estar sujeto a duda.
Un debut auspicioso
El auspicioso y temerario debut de Murphy encuentra su mayor pilar en un elenco de homogénea calidad, incluso en roles que podrían considerarse menores. La rotunda presencia de De Santo demuestra que es un sólido y versátil actor que expresa mucho más con una mirada o un gesto que con innecesarias explicaciones, ideal para esta película.
También Casero, Campilongo y Villarreal, intérpretes todoterreno que curiosamente provienen del ámbito del humor, construyen sus atribuladas criaturas con múltiples recursos expresivos, pero sin revelar los vericuetos que esconde cada una. Por su parte, Linardi, Pardi y Lúpiz aportan talento y contribuyen a construir el clima ominoso que bordea la historia.
La película, que acaba de ganar en el Festival Chicago Films Award, el premio en la categoría mejor thriller, es de presupuesto acotado, pero muy digna, y su título está inspirado en una frase de la canción “No importa los motivos”, de Joaquín Sabina.
La realización apela a diferentes escenarios que resultan ideales para el argumento, muchos de los cuales son espacios de la costa bonaerense como un estadio inacabado que se encuentra en Mar de Ajó, o un boliche nocturno ubicado en San Bernardo.
Cabe un pequeño reproche a un guion que se extiende incluso después de los títulos y puede resultar algo confuso. A pesar de esto, enhorabuena, es un muy buen aporte en momentos en que el cine nacional se debate en la lucha para poder seguir subsistiendo.
“El beso de Judas”
Buena
Thriller. Argentina, 2025. 96’, SAM 16. De: Martín Murphy. Con: Damián De Santo, Alfredo Casero, Martín Campilongo (Campi). Salas: Cinépolis Recoleta, Hoyts Abasto, Cinema Devoto, Multiplex.
POS