Los procesos de desinflación llevan tiempo. La economista de Harvard Carmen Reinhart halló que el 60% de los países tardaron más de 7 años en alcanzar una inflación de un dígito y el 40% más de 10 años. Y un estudio de los economistas argentinos Martín Rapetti, Joaquín Waldman y Gabriel Palazzo, concluyó en algo parecido.
Menos técnico y solo para el caso chileno, el economista Sebastián Edwards contó en su libro sobre los Chicago Boys por qué sucede. No solo en todo programa económico hay mucho de prueba y error. También subyacen cuestiones de política partidaria: en países con tanta historia inflacionaria e inercia, los mercados y las personas entienden que un proceso es irreversible cuando la alternancia política es sinónimo de continuidad en el esfuerzo por estabilizar el país y dar una fuerte señal en el horizonte para la inversión. En el caso chileno se manifestó cuando la izquierda apoyó gran parte de las reformas de Pinochet que empezaron cuando la inflación era 3 dígitos anual.
Todo esto está por verse en el caso argentino. El Presidente cree que el camino para llegar a la inflación cero desde el 2,9% de enero que el Indec mostró este martes, tiene más que ver con la aritmética monetarista que el arte de la política. Milei no solo ‘mató a Maquiavelo’ sino está convencido de que serán los resultados económicos los que disciplinarán a los gobernadores y así logrará el consenso para que las políticas sean percibidas como irreversibles. En el pensamiento de Milei, aquel opositor que prometa alejarse de su camino, perderá el apoyo tal cual sucedió tras las elecciones legislativas bonaerenses de 2025.
La historia argentina ofrece ejemplos para todos los gustos. Hubo proyectos políticos que lograron respaldo aún cuando la inflación subía porque hay momentos en los que las preferencias cambian. Y otros políticos que directamente naufragaron cuando intentaban estabilizar. Es más: muchos errores suelen incubarse mientras se busca el objetivo de bajar rápido la inflación, según nos cuentan Reinhart, Rapetti o el propio Edwards.
En la Argentina es fácilmente distinguir cinco errores que condujeron a crisis.
Primero, no ser transparente con las estadísticas. El timming de la decisión del Presidente de no publicar el nuevo índice (dejando de lado argumentos metodológicos atendibles del IPC que había elaborado Marco Lavagna) llevó a muchos expertos de prestigio a expresar su preocupación, desde Martín González Rozada hasta Leopoldo Tornarolli. Aún cuando todos ellos coinciden que el Indec hoy no manipula las estadísticas, está claro que para desinflar hay que ser creíble y lo que nos recordó la salida de Lavagna fue que para dejar de ser creíble no hace falta manipular las estadísticas. Argentina es arrastrada por un pasado que la condena. Uno de los motivos por los cuáles Juan Perón demoró el ingreso de la Argentina al FMI es que la Argentina no homogeneizó sus estadísticas a la salida de Bretton Woods con las de los otros países.
Segundo, prohibir exportaciones. En ese sentido, el reciente acuerdo firmado con Estados Unidos y el del Mercosur con la Unión Europea van en el rumbo contrario, o sea, las exportaciones de la Argentina aumentarían. Un ejemplo es lo que sucedería con la carne.
Tercero, pisar precios. El Gobierno busca evitar la clásica encerrona del tipo ‘el día después’ que ofrecen los congelamientos. Indexó las bandas del tipo de cambio (a la inflación pasada) y lo mismo con la resolución sobre el transporte a nivel nacional. Hoy, la inflación determina los precios futuros de las bandas cambiarias, boletos, jubilaciones y alquileres.
Cuarto, poner restricciones al dólar. Post elecciones, cayó fuerte la cobertura del dólar, y el precio del tipo de cambio mayorista todos los meses estuvo por debajo de la tasa de inflación del mes. En diciembre el dólar subió la mitad que los precios de la economía, en enero prácticamente no se movió (0,1%) y este martes volvió a bajar. Pero en el Gobierno responden que el Banco Central compró más de US$ 1.600 millones en el año.
Por ahora no se observan errores groseros del Gobierno en cada uno de estos cinco frentes. Y las expectativas todavía señalan que la inflación irá a la baja este año, más allá de la resistencia de la misma en los próximos meses, sobre todo en tarifas.
Un aspecto crucial en todo esto será el contexto internacional que hoy juega a (¿muy?) favor de la Argentina.
El Dow Jones pasó por primera vez en la historia los 50.000 puntos, Brasil es una fiesta y los temores que había sobre los países exportadores de materias primas como Argentina, parecen disiparse. JP Morgan cuenta en un informe de hace unos días que “en Argentina prevemos que el déficit de cuenta corriente se reduzca al 1,2% del PIB, desde el 2% del año pasado. Esta reducción del déficit de cuenta corriente se sustenta en mayores exportaciones agrícolas y petroleras, y se compensa parcialmente con mayores importaciones en un contexto de recuperación económica. Y el déficit de servicios debería contraerse significativamente, siempre que se mantenga el nivel actual del tipo de cambio”. El banco conducido por Jammie Dimon prevé un regreso argentino a los mercados en el próximo trimestre.
Milei y Caputo saben que la ventana de oportunidad es ahora para conseguir financiamiento externo porque en 2027 hay elecciones. Buscarán dar una señal a Wall Street con la reforma laboral. En cambio, bajar la inflación será más arduo. E incluso riesgoso por las tentaciones en el camino.
