Al lado de la presidenta Claudia Sheinbaum en foros internacionales, la voz que traduce sus palabras pertenece a Lilia Rubio, una profesional con una historia de vida marcada por la superación. Nacida en 1952 en Jalisco, en el seno de una familia de recursos limitados, su camino la llevó de trabajos modestos en Estados Unidos a las salas de reuniones más exclusivas del planeta.
Los primeros pasos en un nuevo idioma
Su familia, convertida al mormonismo, se trasladó legalmente a Provo, Utah, cuando ella era una niña. El aprendizaje del inglés comenzó de manera práctica durante el viaje en autobús, donde su madre la impulsaba a buscar hispanohablantes en las estaciones para comunicarse. En Utah, el núcleo familiar trabajó en un restaurante de comida mexicana que ganó popularidad entre la comunidad universitaria. Allí, siendo aún adolescente, Rubio se desempeñó como lavaplatos, observando de cerca la ética laboral de sus padres.
El regreso a México y el descubrimiento de una vocación
A los 20 años, tras una experiencia dirigiendo una obra en su comunidad religiosa, decidió volver a México para estudiar arte dramático en la capital. Para financiar sus estudios, impartió clases de inglés. Su involucramiento con el grupo teatral CLETA la acercó a producciones con un fuerte contenido social y político, participando incluso en giras artísticas por Centroamérica. Fue durante este periodo cuando, de manera casual, un amigo le comentó que la interpretación era una carrera formal. Rubio comprendió entonces que había ejercido ese rol desde pequeña, ayudando a sus padres a comunicarse durante su etapa como migrantes.
La formación de una profesional
Con esa revelación, se inscribió en el Instituto de Intérpretes y Traductores, costeando la carrera con su salario como profesora de idiomas. Así dio inicio a una trayectoria que se extiende por más de cinco décadas. Su trabajo la ha llevado a visitar más de 30 países y a ser testigo de momentos históricos, como la transición política del año 2000 en México, mientras prestaba sus servicios.
La voz neutral en la cumbre del poder
Rubio ha sido la intérprete para siete presidentes mexicanos consecutivos. En la actualidad, asiste a Claudia Sheinbaum a través de la empresa CM Idiomas, sin ser empleada directa de la presidencia. En declaraciones a medios, ha expresado su respeto por la mandataria, a quien describe como una «mujer pensante», y valora el hecho de poder trabajar para una presidenta, dada su simpatía por movimientos feministas.
El oficio de la traducción
Para ella, el trabajo requiere una concentración absoluta en la estructura sintáctica y gramatical, convirtiéndose en un «vehículo» de la voz del orador, dejando de lado sus convicciones personales. Su agenda sigue cargada, con compromisos como la próxima revisión del T-MEC. La historia de Lilia Rubio ejemplifica una carrera construida sobre el mérito, la resiliencia y el dominio absoluto de un oficio que requiere ser puente entre culturas y lenguas en el más alto nivel.
