La Casa Rosada analiza modificar el proyecto de reforma política para destrabar acuerdos en el Congreso. Buscan tratar por separado la inhabilitación de candidatos condenados y flexibilizar las primarias.
El Gobierno nacional revisa su estrategia de reforma política en medio de negociaciones con bloques opositores y aliados. La principal novedad es la posibilidad de dividir el proyecto original y avanzar por carriles distintos con dos ejes sensibles: la ley de “ficha limpia” y el esquema de Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).
Según trascendió, la iniciativa que impide ser candidatos a dirigentes con condenas por corrupción podría tratarse de manera independiente, con el objetivo de facilitar su aprobación. En paralelo, el oficialismo analiza introducir cambios en el sistema de primarias, que dejarían de ser obligatorias para los partidos políticos.
En el Ejecutivo entienden que “ficha limpia” tiene mayor consenso social y político, pero genera resistencias en sectores específicos del Congreso. Separarla del resto de la reforma permitiría acelerar su tratamiento y evitar que quede trabada junto a otros puntos más discutidos.
En cuanto a las PASO, la propuesta en análisis apunta a reducir costos y otorgar mayor autonomía a las fuerzas políticas. La idea de volverlas optativas implicaría que cada espacio defina si dirime candidaturas mediante internas abiertas o mecanismos propios. Sin embargo, la modificación abre interrogantes sobre la transparencia y la competitividad del sistema electoral, ya que las primarias fueron concebidas para ordenar la oferta política y ampliar la participación ciudadana.
El rediseño del proyecto responde a la necesidad de sumar apoyos legislativos en un escenario fragmentado. Desde el oficialismo reconocen que sin cambios será difícil reunir los votos necesarios. Así, la reforma política entra en una nueva etapa, con ajustes tácticos que buscan equilibrar objetivos institucionales y viabilidad parlamentaria.
